En esta historia se renueva un personaje folklórico de nuestra campiña salvadoreña, y Centroaméricana, cuyo su mito poco a poco va extinguiéndose, sustituyéndose, o simplemente, desapareciendo.
ROMANCE MÍTICO
Por MIREILLE ESCALANTE DIMAS
Se iniciaba en el Calendario, el mes de Diciembre, desarrollandose exactamente igual al de todos los años anteriores, en la cumbre de la montaña, pululaba el fresco aroma del eucalipto y bálsamo; el viento pasaba soplando fuerte, silbante a excesiva velocidad, levantando ráfagas de polvo del suelo; de un lado a otro, las ramas del cafeto rítmicamente se mecían repletas de los granos tintos del café borbón (1).
Los fríos amaneceres, el húmedo rocío y lo helado del ambiente, calaban hasta las entrañas; acentuándose el contraste de la temperatura baja, con la calidez de los rayos solares del mediodía. Por las noches, se contemplaba el cielo lleno de estrellas, sobresaliendo la “nixtamalera”(2), distinguiéndose las constelaciones de “la Cruz del Sur”, “el Arado”, los Siete Cabritos”, la Osa Mayor”, y otras más; la hermosa luna llena, lucía en todo su esplendor, iluminando la naturaleza nutrida de árboles; mientras que en el interior de la casa de doña Lolita, alumbraban los candiles (3), con su opaca y tenue luz, su llama atrapaba a los insectos voladores, los cuales quemaban en ellas, sus alas – en ese entonces, no se utilizaba luz eléctrica.
Doña Lolita, llevaba consigo a su hija Mirasol a la Finca Argentina, situada en el Cantón Tierra Colorada, de la jurisdicción de Tepecoyo, del Departamento de La Libertad, Republica de El Salvador a la recolección del café de altura (4), temporada que duraba los treinta y un días del mes de Diciembre.
Para Mirasol, una estudiante que recién iniciaba la primaria, significaba el final de sus vacaciones inolvidables en la campiña, acercándola más a su madre en estrecha comunión; solamente las dos convivían en ese lugar, debido a que don Alejandro, el esposo de doña Lolita y padre de Mirasol, atendía negocios en la ciudad, frecuentándolas los fines de semana y los días festivos, de Navidad y Año Nuevo.
El acceso hacia la Finca Argentina la comprendía una cuesta empinada (5), prolongada, serpenteada, y estrecha, casi una vereda (6), a los lados, existían paredones de tierra rojiza, de barro puro.(7), de ahí su nombre: Tierra Colorada. El trayecto para llegar al casco de la finca (8) era una calle polvosa, resbaladiza a consecuencia de las piedras menudas sueltas regadas en el camino. Debido a esa topografía, los parroquianos que caminaban a pie (9), del Cantón al pueblo, tenían cuerpo atlético, sin abdómenes prominentes, piernas musculosas y fuertes. El medio de transporte, era el caballo, y la carreta (10). haladas por dos mansos y fuertes bueyes, guiados por un boyero.
El río “Siete Banderas”, con su lecho de piedra, atravesaba varias veces el camino sinuoso en diferentes puntos localizados, bañando la rivera con su corrediza agua fresca, limpia y cristalina; su orilla, vestida de hierbas esmeraldas, blancas ninfas, y “lagrimas de San Pedro” (11) asomaban de entre la húmeda maleza, bailando en círculos las bellas y ágiles libélulas celestes de alas transparentes; se escuchaba el ronco e insistente croar de ranas y sapos. Doña Lolita y Mirasol, atravesaban montadas a caballo, el río con mucha paciencia, pues éstos se deleitaban tomando agua, aprovechando el descanso, para luego reanudar el viaje de las seis leguas empinadas faltantes para llegar al destino.
Sembrados a la orilla del camino, se encontraban cafetales, naranjos, jocotes, mangos, conacastes, bálsamos, éstos, árboles gigantescos mostrando las heridas inflingidas a sus venas, dejando entrever los cortes hechos a la corteza que manando la savia de sus entrañas se adhería a los pañales (12) pegados al bálsamo
A cada cien metros de distancia, se encontraban los “falsos”(13) cerrados, escuchándose a los grillos cantores abajo en las laderas y hondos precipicios.
Siguiendo a doña Lolita y a Mirasol, iban dos carretas; una, llevaba colocada en orden, colchones, sabanas, frazadas, almohadas; y la otra, víveres para muchos días, consistiendo en alimentos especiales de larga duración, que no necesitaran refrigeración, tales como carne de res seca y salada, chorizos, embutidos, variedad de quesos, pescados y pepescas(14) secos y salados, sardinas Madrigal enlatadas, ajos, cebollas, condimentos, galones de agua potable en abundancia para tomar- cuando ésta se terminaba, se hervía el agua del río, dejándola enfriar para luego tomarla; los otros alimentos, como huevos, frijoles, gallinas, tortillas, se encontraban en la finca, ó en sus cercanías.
La casita de la finca estaba construida en el plan (15), de lodo, barro, varas de bambú, con horcones en cada esquina; el techo sostenido por vigas de madera, cubierto de tejas. Afuera habían izotes sembrados en linea recta, para “amarrar la tierra”(16) y contiguo al lindero, el zaguán de golpe (17) adornaban en forma bouquets las pascuas indias, exhibiendo su belleza natural de flores alargadas y finos pétalos color rojo tinto, de pistilos amarillos, de verdes y anchas hojas pegadas al tallo.
De la casa, iniciaba la vereda cuesta abajo, para llegar al río que demarcaba el lindero Sur de la propiedad., escuchándose el correr de sus aguas en un suave murmullo; Mirasol, disfrutaba de la vertiente, bañándose en calzoneta, con su madre doña Lolita. A ella le gustaba pasar el tiempo atrapando a unos pececitos negros de cabeza grande, Cuando creció Mirasol, en la escuela, recibiendo Biología, se enteró que los llamados “pececitos negros”, eran larvas de batracios, también conocidos como “cabezones”. Fue hasta entonces, llena de curiosidad inquiría a su madre, la razón de haberla dejado jugar con esos bichos raros; obteniendo como respuesta una amplia y grande sonrisa.
A Mirasol, doña Lolita, le contaba la historia que el dueño anterior de esa propiedad, tuvo una hija pequeña, la cual por ir siguiendo a un patito, se adentro en el río, y se ahogó porque no podía nadar. Con esa cruda advertencia, Mirasol, le sentía temor al río.
En la finca, el café borbón estaba listo para el corte cuando los granos verdes se convertían en rojo. Los cortadores se aprestaban desde las cinco de la mañana a la faena de la recolección del fruto; y desde ese momento se escuchaba el cántico de las “rancheras”(18); cada trabajdor iniciaba con un surco (19) y se amarraba al cinto un lazo corto, y ancho, el cual sostenía un canasto de bambú, de tamaño regular, donde se depositaba el grano despenicado (20).
Mirasol degustaba el café recién cortado del árbol, cuyo sabor similar a la miel de abeja le resultaba agradable, y dulce al paladar. A los murciélagos también le gustaban los granos maduros de café. Ella, tenía entonces la edad, de seis años, en ese Diciembre de 1951- y como toda una finquera usaba pantalones con blusa manga larga, y un sombrero blanco de palma de alas anchas; por la mañanas se adentraba al cafetal, arrastrando un costal de henequén, para sentarse ó acostarse en el suelo, en medio de los surcos y del bullicio de los cortadores… Ahí aprendió a gritar el “Oyyy Muchaá…”, y a que le contestarán “¡¡¡ Oyoooí !!!”.
A las tres de la tarde, los cortadores terminaban la faena del corte, y se reunían en la calle, cada uno con un saco lleno del café maduro recién cortado, entregándolo para ser pesado en una báscula primitiva llamada “romana”, y dependiendo de las arrobas ó libras cortadas, doña Lolita las anotaba en un cuaderno; el sábado por la tarde, se realizaba el pago semanal.
Por las noches de los fines de semana, don Alejadro , se reunía con los “muchachos” -los cortadores de café- para escucharlos cantar, y tocar el requinto, la mandolina, concertina, dulzaina; Miriasol se dormía con el son de la música, oyendo el estribillo de Rio Bravo, EL CHARCO, que decía así: “Dejaste a tu fiel marido que te diió lo que tenía, por seguir ese bandido, que engañada te dejó…. Bandolera te dejó, Bandolera te enganó, Por Bandolera te dejó, por Bandolera te engaño”… narrando la canción, la aventura amorosa de la mujer abandonada; los cantantes, se empinaban el “Tres Puentes”,(21), no necesitaban copas ni vasos para beber; al terminarse el licor, se marchaban alegres a sus casas, reinando nuevamente el silencio.
En los días de trabajo, Doña Lolita inducía al sueño a Mirasol- en vez de arrullarla con canciones de cuna- encendía un cigarro “Embajadores” (22), aspirándolo solo una vez, y luego se lo ponía en la boca a un murciélago, que colgaba patas arriba en la viga de madera atravesada en el techo del dormitorio. Así, conciliaba la pequeña Mirasol el sueño, viendo el espectáculo del murciélago fumando.
A las siete de la noche, de ese 24 de Diciembre, había oscurecido temprano, y se encontraban reunidos en la casa, doña Lolita, su hija Mirasol, don Alejandro, los cortadores, los músicos, y los familiares de éstos; para mientras se aproximaba el tradicional nacimiento del Niño Dios a la medianoche, se reventaban insistentemente ruidosos cohetes cuyo humo contaminaba el ambiente, los tamales de gallina se cocinaban en una enorme y redonda olla de barro, se servían tazas de chocolate para las mujeres y los niños, y los hombres ingerían botellas de aguardiente.
En ese ínterin apareció Don Fonchito (24),- el mejor amigo de don Alejandro- dando el aspecto de haber sido asaltado, la camisa blanca sucia de lodo, rota y ensangrentada por la espalda; no podía pronunciar palabra, mudo totalmente, con la cara pálida y lívida; los hombres ahí presentes lo atendieron poniéndole a su disposición una botella de Tres Puentes que se la empinó casi hasta terminársela. Después, ya valeroso, se dispuso a narrar su azarosa aventura.
Iba don Fonchito montado en su caballo pura sangre, pasando por el último recodo del río Siete Banderas, vió con la claridad de la luz de la luna a una mujer de piel porcelana y aterciopelada, de ,larga cabellera despeinada, lavando en la oscuridad; él desmontó a Trueno, aclarando que se sintió arrastrado hacia la doncella por un impulso sobrenatural; que la mujer le había despertado esos instintos animales, que ella tenía insinuantes y robustos pechos desnudos de pezones de botón de rosas, descubiertos sin pudor alguno, le observaba sus glúteos redondos, macizos, y voluptuosos que le incitaban al pecado; don Fonchito, un tímido agricultor había sido victima de un encantamiento, y embelesado le admiraba las partes íntimas a la exhuberante mujer, sin importarle, si llevaba puesto el camisón mojado pegado al cuerpo, ó si estaba completamente en cueros. No obstante el frío de la noche, y el agua helada del río, él estaba con la sangre hirviente recorriéndole sus entrañas;
Atentos sus oyentes, le pedían continuara el relato de la historia, entonces don Fonchito les explicaba que en esos momentos él no razonaba, además estaba hipnotizado, extasiado y prendado ante semejante belleza; lo increíble es que adentro del rio, el cielo y las estrellas como testigos, la lavandera desnuda, lo abrazó con las piernas, se le había subido a su cuerpo estando él parado, le contraminaba las caderas a las suyas; obligado, tuvo que poseerla de pie, con la energía de un hombre en celo, hasta satisfacerse; lo asombroso que esa mujer no pesaba, era tan liviana como una pluma; por lo que se amoldaba con toda naturalidad a los movimientos y vaivenes pélvicos; no se percató que la mujer de uñas largas le había rasgado la piel de su espalda; nunca antes le habían ocasionado filosos arañazos; y orgulloso terminaba confesando que había sido la conquista más fácil de su vida, que en ningún momento cruzaron palabra alguna, pues ni siquiera recordaba haber visto su cara, y que además, en un santiámen (23) realizaron el amor; que él estaba decidido a seguir a la encantadora mujer; pero, el corcoveó de Trueno, logró despertarlo de la hipnosis sucumbida, escuchando unas tenebrosas carcajadas río arriba.
Ahí fue cuando Don Fonchito, cayó en la cuenta, que su encuentro había sido con la Siguanaba (24) y que su caballo Trueno, lo había salvado milagrosamente y que al montarlo se aferró a la crin y salió corriendo como “alma que se lo lleva el viento”,de esta forma pudo llegar casi sano y salvo a la finca adonde su amigo don Alejandro lo esperaba. Don Fonchito, reconocía insistentemente haberse librado de un embrujo, que por un Milagro de Dios, no había quedado “loco de remate”, tal como le había ocurrido a su compadre Julio, años atrás.
Llamadas:
(1) café borbón- especie de planta de café cultivada desde 1821 hasta el año de 1992, habiendo sido sustituido por el CAFÉ PACAS.
(2)“nixtamalera”- es la estrella más brillante del firmamento cerca de la luna, solamente por los meses de Diciembre y Enero se aprecia.
(3) candiles- elaborados con botellas pequeñas de vidrio, llenas de gas líquido, conteniendo un pedazo de tela- mecha para su encendido.
(4) café de altura- café sembrado en la cima de las montañas y catalogado, como el mejor café en el sabor, y el mejor pagado en el mercado internacional.
(5) una cuesta empinada- calle inclinada que conduce hacia arriba.
(6) una vereda –calle estrecha
(7) de barro puro- mineral encontrado en la tierra, de color rojo.
(8) casco de la finca- lugar donde se encuentra la casa patronal.
(9), a pie- caminar por el suelo, sin utilizar vehículo, ni otro medio de transporte.
(10) carreta- un cajón de madera con llantas, halado por dos bueyes, y guiadas por un boyero.
(11) “lagrimas de San Pedro”- parecidos a caracolitos de mar, que crecen en las orillas de los ríos, y sirven para collares típicos, se pintan con añil en diversos colores.
(12) pañales- pedazos de tela de algodón
(13) “falsos” - especies de puertas de alambre de púas clavadas en palos de madera. Puertas primitivas usadas en el campo.
(14)pepescas – pescados pequeños comestiibles, deshidratados al sol y salados.
(15) plan- que esta recto, camino que no tiene topografía irregular.
(16)izote“amarrar la tierra”- planta cuyas raíces bajo la tierra se amarran, evitando la erosión.
(17) zaguán de golpe- una puerta grande de madera.
(18), “rancheras”-musica típica de origen mejicano.
(19). Surcos - una fila sembrada de árboles.
(20). Despenicado- escoger el grano de café maduro, respetando las hojas verdes.
(21) “Tres Puentes”- botella de un litro conteniendo licor fuerte, ó aguardiente elaborado y distribuido para su venta por la Administración de Rentas de Sonsonate,
(22) “Embajadores”- la única marca de cigarros conocida en el siglo pasado distribuida por la Cigarrería Morazán en El Salvador
(23) santiámen – de una forma rápida, como abrir y cerrar los ojos.
(24) Don Fonchito- es el diminutivo de don Alfonso.
(25) la Siguanaba ó SIGUAMONTA- Leyenda referida a una mujer bella con cabellera larga, y que por una maldición se conviertió en fea. Se le encuentra generalmente bañándose en los ríos, persiguiendo a los hombres solos y enamorados, a quienes vuelve locos.
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.
Ha escrito la obra: “MI TIA CONSUELO DE SAINT EXUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..
Santa Tecla, 8 de julio de 2009.
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