Transcurría el año de 1962, y María Soledad, adolescente piel canela, alta, espigada de ojos negros, cabello largo y lacio azabache, de pantalones celeste “strech” y blusa de licra roja escotada, vivía en la ciudad de San Salvador; El Salvador, preparada a disfrutar de las tradicionales vacaciones agostinas (1) durante los seis primeros días del sofocante, caluroso y a la vez lluvioso mes de Agosto: El ambiente de festividad por doquier podía respirarse; sus habitantes relajados, escogerían entre varias alternativas; sobre si quedarse en la capital a participar según el Programa de la Fiesta Agostina, folleto conocido como “EL TROMPUDO”, en cuya portada se distinguía atrás de la imagen del Divino Salvador del Mundo, el personaje popular llamado “Juan Pueblo”; en su interior se encontraban páginas escritas anunciando las actividades diarias matutinas, y celebraciones nocturnas, chistes, historias y cuentos alusivos a políticos y a personalidades conocidas; ó bien podrían ausentarse a la campiña a respirar el aire de la montaña; o inclinarse a temporar a las playas del Océano Pacifico bañadas por el sol y olas inquietas; ó internarse en las verdes aguas de las islas, lagos y lagunas; ó viajar al extranjero; ó sencillamente quedarse a compartir en familia, la tranquilidad de sus hogares..,
Cualquiera que fuese la decisión, la Policía Nacional se convertía en el vigilante de la seguridad ciudadana, para tranquilidad de los capitalinos realizando operativos acostumbrados de cada año, antes de las festividades de agosto. La Policía Nacional capturaba a los malhechores, vagos, malvivientes, antisociales, delincuentes con antecedentes, y les aplicaba la ahora en desuso, derogada y sustituida “Ley de Peligrosidad.” (2), poniéndolos a la orden del Juez Especial de Policía, cuya oficina se encontraba en la parte trasera del Cuartel de la Policía Nacional del Barrio La Vega, de la ciudad de San Salvador, El Salvador, de esta forma, se protegía la propiedad y vida, de los citadinos honrados y trabajadores; el Juez Especial de Policía al finalizar las “fiestas” dejaba en la libertad a los capturados. “Aunque Usted no lo crea”, como dice Ripley, con la aplicación de esta medida de seguridad en la capital, los robos, asaltos a las viviendas y homicidios, se nulificaban, brillando por su ausencia las actividades delictivas.
Con el día UNO de agosto, se iniciaban las fiestas agostinas en la Plaza de las Américas, frente al Monumento del Salvador del Mundo, conocido en un tiempo como “La Cruzadilla”, despertándose la capital a las tres de la madrugada; con los nutridos estallidos de los cohetes de varas dirigidos al infinito, escuchándose los estruendos a kilómetros de distancia.
A las seis de la mañana, los organizadores ofrecían al público la tremenda “shuqueada” (3), con derecho a repetición..
A las 7:30 a.m., el “DESFILE DEL CORREO”, encabezado por un cartero cargando un mensaje escrito en pergamino, para ser entregado al funcionario edilicio, quien debía leerlo en publico, y declarando oficialmente inaugurada las Fiestas Patronales, e invitando a la ciudadanía a participar y divertirse en los festejos.
El recorrido del desfile consistía en el trayecto de la Plaza de las Américas, siguiendo sobre la Alameda Roosevelt, y terminando en el centro de la capital en la Plaza Barrios.
Encabezaba la caravana de vehículos, el Alcalde Municipal, conducido en el clásico Cadillac rojo descapotado, saludando efusivamente a la multitud, congregada en una valla; precedido por los representantes de la Cámara de Empresarios, Jefes militares, miembros de la Cruz Roja, representantes de los barrios y de los mercados; y al final, las diferentes carrozas (4), de cada sector.
Al costado de la caravana, caminaban, a veces correteando a la multitud los “Viejos de Agosto”,(5), hombres con toscas máscaras, pelucas, y atuendos femeninos, simulando embarazos y glúteos prominentes, debido a las almohadas escondidas debajo de los vestidos, y en los pechos enormes, pañales; brincando y bailando iban los diferentes diablos, rojos y negros, causando un pandémonium; repartiendo dulces, el “Chichimeco” (6) , quien maquillado de payaso, llevaba una gorra roja, pantalones largos sostenidos por tirantes, llevando la pierna derecha, de tela amarilla, y la izquierda, roja, con su camisa almidonada blanca manga larga, ocultos debajo de los pantalones, los zancos de madera de tres y medio metros de altura. Este personaje creado por un español a finales de siglo, se volvió popular anunciando la ferretería “El Chichimeco”.
Acompañando a la algarabía, las melodías musicales emanaban de la banda de un regimiento militar y municipal.
A las nueve de la mañana, amenizaba la música de marimba en el Mercado Tinetti.
A las tres de la tarde, en la Plaza Barrios, se efectuaba la competencia del “Palo encebado”.(7), obteniendo el ganador el premio consistente en el dinero depositado en una bolsita de vistoso papel de regalo que se encontraba clavada arriba, en el poste de madera. El triunfador arrancaba la bolsita mostrándola a los espectadores, quienes le compensaban con aplausos.
A las seis de tarde, en la Plaza Barrios se desarrollaba el popular Carnaval (8), en las calles principales de la Plaza Barrios, disponiendo de varias manzanas para entretenimiento gratuito de la población; ofrecido por la Alcaldía Municipal y con la participación de las variadas orquestas y conjuntos musicales de reconocida fama nacional.
El día 2 de agosto, “EL DIA DEL COMERCIO”, a las nueve de la mañana, saliendo de la Plaza de las Américas, las espectaculares y llamativas carrozas, se deslizaban por las calles resaltando la belleza de la mujer cuzcatleca, las que escogidas como las reinas de los diferentes barrios, y mercados; se lucían entre vistosas y coloridas flores; lanzando a su paso, con ambas manos, besos y dulces a la concurrida muchedumbre.
María Soledad presenció también el llamado “Desfile Bufo”, una sátira organizado por los estudiantes universitarios, dirigido y dedicado esencialmente a los políticos y a las prominentes personalidades de la sociedad. Dicho desfile, a las once de la mañana, salía de la Universidad Nacional de El Salvador, por toda la 25 Avenida Norte, pasando frente a la entonces Embajada Americana, hasta la Plaza Barrios; los comentarios sobre este desfile, duraban hasta la finalización del año.
Por la noche, ese mismo día, en la Facultad de Medicina, sus estudiantes realizaban presentaciones jocosas de teatro.
Cada noche, durante todos los días de la Fiesta de Agosto, se alternaban las fiestas bailables acompañadas de orquestas, en el Club El Prado, el Casino Salvadoreño, el Circulo Militar, El Hotel Sheraton de El Salvador, donde se presentaban las Reinas electas de la ciudad de San Salvador, acudiendo además de la crema y nata de la sociedad salvadoreña, funcionarios y renombradas personas de nuestro medio.
El 6 de agosto, era el escogido para la celebración del Divino Salvador del Mundo como Patrono del país: El Salvador. La Iglesia Católica, única iglesia reconocida con personería jurídica por la Constitución de la República, conmemora todos años y por la misma época, el misterio de la Transfiguración de Jesucristo que se produjo en el Monte Tabor, representándola en “La Bajada (9). Declarando en todo el territorio, los días 5 y 6 de agosto como asueto a nivel nacional; siendo la vacación completa que iniciaba del primero al seis de agosto, exclusividad de los capitalinos.
Desde el interior del país, concurría la muchedumbre, para participar en Procesión de La Bajada, programada para el día 6 de agosto frente a la Catedral Metropolitana. María Soledad, conservando su buen humor atribuía que se denominaba “La Bajada” porque muchas personas provenían “bajadas” del Volcán de San Salvador, estrenando vestidos de telas de seda y brillantes, con hechuras seleccionadas muy diferentes a las de las citadinas, y se congregaban para presenciar la Transfiguración del Señor.
María Soledad, recordaba el incendio del 8 de agosto de 1951 que devoró la antigua Catedral capitalina, de estilo romano, Templo construído en el año de 1888., de madera y lamina contrachapada. La moderna Catedral Metropolitana, estaba situada en el corazón de la ciudad de San Salvador, frente a la Plaza Barrios
A un costado, se encontraba el imponente Palacio Nacional, de arquitectura barroca, color gris, exhibiendo en su entrada principal, dos estatuas de cuerpo entero: la de la Reina Isabel La Católica sosteniendo el joyero de la Corona y la de Cristóbal Colón, el descubridor de América. Ahí, se albergaban oficinas gubernamentales: dependencias del Ministerio de Obras Públicas, Ministerio del Interior, Ministerio de Cultura, el Archivo de la Nación, la Asamblea Legislativa; teniendo libre acceso la población. María Soledad, cuando pequeña gustaba de esperar en el Palacio Nacional a su padre, un prominente Abogado, a la salida del trabajo, acostumbrándose a jugar en los jardines, y caminar por sus instalaciones; de modo que cuando ella, años más tarde, estudió en el Palacio de la Magdalena de Santander, España, no se extrañó de la amplitud de los señoriales salones palaciegos.
La Procesión de “La Bajada” a las 3 de la tarde, en un camión hacía su recorrido hasta el Parque Libertad, dándole una vuelta despaciosa, para regresar a apostarse frente de la Catedral; anunciaban los cohetes de vara disparados al aire con rumbo hacia las nubes, mediante un escandaloso estallido que se escuchaban en todo el centro de San Salvador; la concurrencia observaba la carroza estacionada, cuya alegoría consistía en un globo terráqueo, y sobre él, en la parte exterior, vestido de un rojo brillante de terciopelo, la imagen del Señor Jesucristo con sus manos alzadas en alto repartiendo la bendicíón, y sobre su cabeza un halo de rayos dorados. El máximo representante de la Iglesia Católica, acompañado del Alcalde, y otras personalidades, presenciaban juntamente con la muchedumbre, que fervorosamente aplaudían incesantemente al momento de efectuarse la Transfiguración; ésta consistía en que la imagen de Jesucristo vestido de rojo, descendía despacio en el interior del globo terráqueo, para resurgir nuevamente vestido de un traje impecable de satin blanco, en medio de muchas palomas blancas alzando vuelo. ¡ Los aplausos eran ensordecedores!
Luego, María Soledad, después, de presenciar la “Transfiguración”, y continuando la tradición, igual que la multitud, se dirigía al “Campo de la Feria”, lugar donde la fiesta popular instalada en el predio baldío de regular tamaño, escogido por la municipalidad de San Salvador, muy cerca de los Juzgados de San Salvador, funcionaba desde el primero de agosto.
En fila, se encontraban “champas” improvisadas de lámina, donde cada una provista de mesas y sillas de madera para los parroquianos, tocaba música de rocolas a todo volumen, conteniendo cocinas de gas keroseno donde se preparaban los suculentos platillos: panes con pollo, y de gallina, pupusas de diversos ingredientes, enchiladas, pastelitos dorados de masa, platanitos y enredos de yuca fritas, elotes locos, churros españoles, algodón de azúcar, y como bebidas calientes ofreciendo “Ponche” (10), café y chocolate; como bebidas frías: los refrescos de Ensalada, horchata, Cebada, Granadilla, Cervezas Pilsener, Regia, Malta, y variedad de gaseosas de la Tropical y de la Cascada: Por doquier se ofrecían a la venta, dulces típicos: de coco, de marañon, de maiz tostado, de toronja, de dátiles, de camotes, de chilacayotes, caramelos de miel, etc.
Las ruedas mecánicas funcionaban y lo habían hecho desde el primer día de la fiesta de agosto; por las noches, las luces neón alumbraban como el día, la música de norteñas, y rancheras se escuchaba en altos parlantes amenizando las ruedas de la voladora, el martillo, la del Tío Vivo ó caballitos, de avioncitos, de las tazas gigantes, del gusano, de la Montaña Rusa y de la Chicago.
A María Soledad, le atraían las varias carpas de circos pequeños, sobresaliendo su preferido, el Circo México, cuyo propietario era don Eladio Velásquez, el Payaso Chocolate, denominado el Payaso del Pueblo, se presentaba maquillado de payaso, usando un sombrerito viejo gris, camisa blanca de rayas rojas y mangas largas, pantalones grises tronconeros sostenidos por tirantes, zapatos anchos y largos, él se distinguía de los demás Payasos, por el atrevimiento de contar chistes “para adultos”, y bailaba graciosamente con movimientos pélvicos mientras “el hombre orquesta” tocaba melodías conocidas como el “mambo Numero Cinco de Pérez Prado”, trabajando con ellos el cómico Margarito Esparza, quien por su diminuta estatura gustaba a los niños; la fama de su Circo, se lo debían a su público de origen humilde, de barriada; en todo su esplendor brillaban artistas radiales reconocidos como Doña Telesfora y Pánfilo a Puras Cachas, éste , a ella le llamaba cariñosamente “Doña Semaforita”, representando la pareja, dramas cómicos de la vida diaria, consistentes en hilarantes escenas de celos; también habían carpas de jóvenes semi desnudas – en trajes bikinis y medias de seda- contorsionistas, trapecistas, alambristas, y bailarinas profesionales de night clubs. Entre la variedad de las carpas se encontraban las que exhibían “el hombre descabezado” sobre una mesa, sin cuerpo; pitonisas adivinando el futuro, unas, mediante bolas de cristal y otras, leyendo la baraja española; el Castillo del Horror, en completa oscuridad, y lugar tenebroso albergando al Hombre Lobo, Frankestein, Drácula, La Llorona, Vampiros en ataúdes, tarántulas negras gigantes y otros siniestros personajes.
María Soledad se adentraba a la aglomeración existente en el campo de la feria, de piso de tierra, convertido en lodazal debido a la lluvia; a ella la multitud la estrujaba, la empujaba a diestra y siniestra. Llevaba dinero en un pisterita depositada en sus senos. Jamás comprendió la razón del por qué habían elegido los primeros días el mes de agosto para la celebración del Patrono, pues desde siempre, por las noches, caían torrenciales tormentas… Encerrándola la lluvia, en las actuaciones de los Circos del Campo de la Feria, terminaba una función, e inmediatamente se pasaba a otro circo, a ver otra función… y así interminablemente, hasta que paraba de llover, a la medianoche, cuando la oscuridad invadía el predio.
María Soledad, buscando la salida se había perdido, y solamente vislumbraba sombras… fue entonces que con la casi desmayada y tenue luz de los focos, en medio de la oscurana, distinguió a dos personas, una pareja de enamorados abrigándose con sus cuerpos; el hombre aprovechando la cercanía de su amada, le introducía sus manos entre los pechos y se los besaba efusivamente, y ella muy ufana se lo permitía. María Soledad, observaba tranquilamente el romance de los desconocidos, siendo testigo de cuando él había recogido la larga falda llevándosela hasta su cintura, acomodándose la humanidad de la mujer en medio de sus piernas, en estrecha unión, ambos se deslizaban meciéndose de arriba y abajo con suaves movimientos ondulatorios, y besándose a cada segundo. Esta expresión de amor, no escandalizaba a Maria Soledad, quien haciéndole honor a su nombre, siempre añoraba un compañero. Dando un giro hacia atrás, encontró la salida del Campo de la Feria Agostina, y al retirarse reflexionaba para sus adentros, lo bello de estar enamorado, y mejor aún, de ser deseada ardientemente.
Así se había festejado la FERIA DE AGOSTO del año de 1962, cuyo tradición se había repetido, año con año desde tiempo inmemorial, y continuaría su legado para las generaciones futuras.
Llamadas:
(1)vacaciones agostinas. Celebración popular que se dá en los días del 1 al 6 de agosto, todos los años.
(2) Ley de Peligrosidad, conjunto de normas jurídicas que se aplicaban a los delincuentes con el objeto de prevenir cometer delitos a la propiedad y a la vida.
(3), “shuqueada”- tomar atol shuco, se servía casi hirviendo en huacalitos de morro, elaborado por un espeso atrol de maíz concentrado, alguashte (semillas de ayote molida), tres cucharadas de: frijoles negros y chile liquido; se acompañaba con pan francés; el atol para enfriarlo debía moverse constantemente en el huacualito.
(4), carrozas, camiones adornados en cuya tarima iban personas.
(5) “Viejos de Agosto”, eran hombres con máscaras, peluca en la cabeza, vestidos de mujer
(6) “Chichimeco” , un hombre en zancos de madera.de tres metros y medio de altlura, personaje creado en el siglo pasado por un español que lo utilizaba para darle publicidad a su ferretería llamada “EL CHICHIMECO”.
(7) “Palo encebado”, un poste de madera sembrado, recubierto de aceite, a disposición de un hombre valiente que subiera hasta la punta, obteniendo el ganador un premio en dinero.
(8) Carnaval-
(9)“La Bajada”, es conocida popularmente como la misma Transfiguración de Cristo
(10) “Ponche”, bebida caliente de la leche con aguardiente.
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico-erótico”.
Ha escrito la obra: MI TIA LA CONDESA CONSUELO DE SAINT EXUPERY; y en publicación está: “MI TIA CONSUELO DE SAINT EXUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA
Santa Tecla, 27 de Julio de 2009.
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