La escasez del agua se palpaba durante el verano, no habían ríos ni pozos en ese lugar,
mi madre me acostumbró al sabor del agua hervida para beber; además existía en
abundancia agua de coco; a pesar del
agobio de la carestía, nosotros siempre teníamos (7) cantaradas de agua, ésta la transportaba Lalo en una carreta- tanque; durante el invierno, se recaudaba agua llovida
en barriles de metal. Me acostumbré a bañarme con esa agua fresca, la cual me
agradaba, no obstante mi piel
quedaba resbaladiza, situación que no me
incomodaba .
Por las mañanas: un calor –nada sofocante, soplando una agradable brisa.
Por las noches el cielo limpio, sin
polución ni contaminación, asomándose la luna brillante, y las estrellas titilantes. Aún recuerdo un
espectáculo de la naturaleza, una lluvia de estrellas, parecían desprenderse en
el infinito, y caminar de un lado a otro
en el cielo raso. Allá por 1950. siendo
una infante de aproximadamente cuatro años y medio, vivia con (8) la niña Lolita,
mi madre; solo ella y yo; mi padre, el
Doctor Alejandro, Abogado de prestigio,
se mantenía muy lejos de nosotras, en la
ciudad capital, atendiendo a su clientela; nos visitaba frecuentemente, cada
fin de semana.
Me había adaptado a la vida silvestre, hasta mi vestimenta era ruda,
usaba botines, pantalones de varón,
camisas coloridas de manga larga, y
conmigo siempre un sombrero pequeño de palma;
jugaba con las flores plantadas afuera de la cabaña; diariamente mi vida
era correr de arriba- abajo, asustando a
las mariposas multicolores eran flores que vuelan, de gran variedad de tamaño,
entre ella las Monarcas, espectaculares por su brillantez en el color, enormes en su tamaño , sin embargo, las habían de tamaño mediano y pequeño, pero
tenían la característica que se posaban todas en los crisantemos, margaritas, pompones, lirios, y cambray. Cariñosamente mi madre me llamaba la “Caperucita del Monte”. A las cuatro de la mañana acompañaba a Chepe
Mingo al ordeño de las vacas, portaba un
tazón metálico , el cual lo llenaba de
leche aún caliente, recién salida de la
ubre de la vaca, la que degustaba saborear
tranquilamente. Había aprendido a descifrar el jilguero de los pajarillos,
recuerdo preguntándome mi madre - “¿Cómo
dicen los pajaritos?” -; y yo le contestaba con orgullo, - “Dicen Mirei dulce Mirei-
Cuando podaban los árboles de cafeto, yo exploraba el terreno, y conmigo
acarreaba (9) un costal de yute, para sentarme, buscaba la sombra de (10) un copinol, y recogía
su fruto, para despues con una piedra partía aquella corteza dura color café oscuro,
extrayendo su contenido, una semilla recubierta
de un polvito asemejando un terciopelo
mostaza, su sabor y olor, para mi
agradable, diría un néctar de los dioses.
Hay un refrán que dice “el tiene mas saliva, traga más
copinol”. Otras veces, también con una piedra, rompia
la corteza dura de (11) los
caraos, que recogía del suelo, y extraía su majar de dulce sabor, el fruto
despedía un olor fuerte, para ciertas
personas hasta ofensivo, pero particularmente para mí, a
pesar del olor a “pie sucio”, lo
saboreaba como una exquisitez gourmet.
Jamás me enfermé del estomágo al deleitarme con esos exóticos frutos.
No me complicaba la vida para
entretenerme jugando con la naturaleza. Había
un árbol cuya flor parecía una diminuta espada
roja saliendo de un botón verde, sera (12)
el árbol de pito. Yo, siempre sentada sobre
mi costal, bajo su sombra,
recogía las flores, las abría extrayéndole el contenido blanco que tenían dentro, luego las doblaba y las
insertaba al botón verde, calculándole
que la mitad sobresaliera, y entonces comenzaba a soplar, saliendo un armonioso
silbido, por cierto comestibles al cocinarse.
El lugar donde vivíamos, y pernoctábamos, era una cabaña construida de (13)
costilla de madera por fuera; sobre el techo, cubierta de (14) tejas de barro; en su interior, tablas en el piso; vigas
gruesas que atravesaban arriba de una pared a la otra, en el techo, de donde
pendían alambres sosteniendo canastas llenas de queso duro blando, chorizos,
butifarras, salchichones, carne de res salada de preferencia (15) “pecho”, no conocía la refrigeradora, ni aparatos eléctricos de
ninguna clase.
Dentro de la cabaña, habían dos camas de pita, pero con muchas mantas
encima, que nos servían de colchón, recuerdo que dormía como un lirón y a
pierna suelta. Había una mesa de regular tamaño, y cuatro sillas rusticas de
madera; la puerta permanecía siempre abierta- en esa época, en 1950, no se
conocía ni existía la delincuencia y quizá tampoco la pobreza –como lo hay en
día. Había una ventana amplia, generalmente se mantenía abierta para la
ventilación, para minimizar el calor, ya que la brisa refrescaba el ambiente;
se cerraba, única y exclusivamente, solo para la hora justa de dormir. Cuando
caía el manto oscuro del anochecer, nos alumbrábamos con candiles de mechas de
(16) trapo y gas liquido; personalmente desconocía la luz eléctrica.
El paisaje nocturno, todo un
espectáculo majestuoso, era nada menos
el Volcan de Izalco - en su apogeo-, conocido como el famoso “Faro de Centroamérica”, bautizado
así por los marineros del Pacifico; vomitando día y noche la incensante candente
lava, nunca imaginé, que algún se apagaría para siempre.
La cabaña situada en medio del cafetal borbón, rodeada además de árboles
inmensos de madera fina, como el cedro,
conacaste, laurel, y uno que
otro, capuílin. Por ser el café y
capulin maduros, la comida suculenta y
favorita de los murciélagos, mamíferos
voladores y extraños, parientes de los roedores, se colgados por las noches
dentro de la cabaña. Mi madre sabía que eran indispensables para la ecología, por ello, no los combatía. Yo, totalmente
ajena a las leyendas de vampiros, convivía tranquilamente con ellos. Aprendí a
no tenerles miedo.
Por las noches, los murciélagos se
colgaban de las patas, y encogían sus alas… sus diminutos ojos, nos miraban ya
con familiaridad; desde que llegamos a vivir a la cabaña, ellos fueron nuestros
fieles acompañantes. La niña Lolita, mi madre, me había enseñado que no debía
temerles, me explicaba que era una especie necesaria, para mantener el
equilibrio del medio ambiente, además se comían a los insectos como los
zancudos; y por ese motivo nunca sufriríamos de malaria y paludismo. Ignoro
como ella averiguó, que les gustaba fumar, encendía un (17) “Embajador”,
un cigarro que no tenía filtro, luego, se subía sobre la cama y, con el
cigarrillo prendido se lo ponía en la trompa del murciélago, y éste, lo
aceptaba, y, hasta terminarlo, se tragaban el humo.
Yo, recostada sobre la cama, con la tenue luz del cándil, disfrutando del
show nocturno, y el entretenimiento: las pericias del murciélago fumando su cigarrillo, Además con
la dulzura que caracterizaba a la niña Lolita, mi madre, escuchaba atenta la
narración de las aventuras
de (18) Ulises ; otras veces me
contaba cuentos, hasta conciliar el sueño, y quedarme dormida despues de un largo trajin.
Recuerdo haber tenido una niñez
feliz sin electricidad. ¡Como me hubiera gustado permanecer siempre en medio de
ese salvaje entorno, en esa
edad y con la protección de mi madre al lado!
.
NOTAS:
(1)
Ranchos de los colonos: casa con techo de zacate seco, paredes de
baharque
(2)
Trompo: juguete elaborado de
madera con una punta de metal, y una pita larga enrollada, que al desenrollarla
baila.
(3)
Chibolas:pelotitas miniaturas elaboradas de vidrio.
(4)
Capirucho: juguete de madera
conteniendo un trozo pequeño de madera unido por una cuerda a una
bola perforada, cuyo objetivo es hacer incrustar el eje delgado al hueco del
mazo.
(5)
los fieles
perros “aguacateros de cuatro ojos”: perros que no son de raza fina, posiblemente
descendientes de los galgos españoles; cuatro ojo, por tener arriba de los ojos
manchas negras.
(6)
pantes de leña: leña apilada en
orden, raja sobre raja.
(7)
cantaradas de agua:recipientes de
barro donde se guarda agua para tomar.
(8)
la niña Lolita: Se le dice “niña”
a una persona del sexo femenino significando respeto, puede ser pequeña, joven,
adulta y anciana.
(9)
un costal de yute:Bolsa grande de material textil que se saca de la corteza interior de
varios árboles.
* (11) los caraos: son vainas largas
cilindricas, duras de color café oscuro llevando adentro miel oscura.
(12) el
árbol de pito-Descripción - Arbol
que llega a medir 10 m de alto. Tiene espinas en el tronco. Las hojas
son trifoliadas de 8-15 cm largo como ancho. Las flores son rojas y
están dispuestas en inflorescencias. Cada flor tiene forma de un pito, y se
puede silbar. El fruto (el
pito) es una legumbre comestible.
Semillas rojo brillantes, tóxicas. Se reproduce cortando las ramas, y se
usa para cercos (13) costilla de madera- son tablas largas, usadas en
construcción.
(14) teja de barro- una
pieza de este material hecha en forma de canal; usada para cubrir exteriormente
los techos y no permitir la entrada sol, y de agua de lluvia a un espacio
dejándola escurrir.
(15)Pecho: Es la parte baja del frente de la res.
(16)Trapo:tela de algodon
(17) “Embajador”: La
marca del cigarro que no llevaba boquilla
(18)Ulises: Personaje
creado por Homero, cuyas aventuras se
narran en el libro de La Odisea.
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