viernes, 21 de agosto de 2009

EL ENCUENTRO DE BRENDA

POR MIREILLE ESCALANTE DIMAS

Brenda, y su hijo Felipe de siete años; un matrimonio amigo: Mandy e Ignacio, juntamente con Adolfo, su hijo tambien de siete años; arribaban a un pueblito costero donde el verano del año de 1980 transcurría, y se confundía con el invierno; el sol abrasador se reflejaba en el mar, tornándose incandescente el ambiente y los vientos marinos con aroma a yodo, sal, pescado y mariscos se esparcían por doquier. Las casas pequeñas pintadas de cal, y tejas como si fueran de “nacimiento” (1) sobresalían construidas a orillas de la calzada empedrada de San Luis Talpa. (2) del Departamento de La Paz, en El Salvador.

-Vendo cocteles de conchas, y camarones- gritaba desde una champita la flacucha dueña de lugar.

Ese lugar era el último de contacto con la civilización, y el comercio, se podía decir, que era la última parada, de ahí en adelante se encontraba solo mar, arena y sol.

En vehículo viajaban cinco kilómetros rumbo a occidente, sobre la calle polvosa vecinal, abierta en medio de la maleza, hasta llegar a un brazo de mar, que interrumpía el trayecto; lugar éste donde se dejaba el pick-up Toyota doble cabina. Se bifurcaban dos medios para llegar al destino, escoger el estero, ó lanzarse a caminar a pie dos kilómetros. Para ellos era mejor el caminar con paso ligero al caserío y Playa llamado “El Pimental”(3), porque los niños, disfrutaban del paseo, durante todo el recorrido iban jugando, corriendo descalzos en la arena húmeda donde las aguas del mar marcaban el límite de las olas deshaciéndose., quedando solamente la espuma blanca burbujeante.

Para la caminata bajo el sol, se embadurnaban generosamente de crema bronceadora SPF 15, con aroma de coco. Su indumentaria era ligera, cómoda, y deportiva, usaban gorras para protegerse del sol; cada quien cargaba sus mochilas.

Luego de veinte minutos de caminar, comentaba Ignacio:
-Pronto llegaremos al paraíso-

Iban a pasar los cinco días de vacaciones de la Semana Santa, donde el amigo de Ignacio, don Fulgencio y su numerosa familia, quien resultó favorecido con la Reforma Agraria por medio de FINATA (4), habiéndose convertido en
dueño de cinco manzanas de terreno, las que abarcaban tierras para cultivar de cereales; y playa, estero y manglar para pescar . Había un paraje resultante de varias filas de cocoteros altísimos y esbeltas palmeras sembrados en el terreno alto, un poco distante de la orilla del mar.

Felipe y Adolfo, con los tres hijos de don Fulgencio, cuyas edades oscilaban entre los nueve y trece años,. Jugaban a veces a los Piratas, durante las mañana y tardes, y otras, a ser los descubridores de América; navegaban remando a diestra y siniestra el cayuco de madera que don Fulgencio les había proporcionado, se atravesaban hasta por los lugares más recónditos, el estero; Felipe y Adolfo, por ser citadinos, con asombro admiraban el manglar, y con curiosidad, los cangrejos que tímidamente asomaban sus saltones ojos desde un hoyo, haciendo burbujas y escondiéndose. El día para los pequeños pasaba volando, y por la noche dormían como un tronco.

Los cuatro hijos adultos de don Fulgencio, por las madrugadas ordeñaban las vacas aprovechando la tranquilidad y el frescor del ambiente dejado por el rocío; luego ponían la leche en un recipiente de barro en la cocina para hervirla en el fuego de leña, y servirla en el desayuno. .A las siete de la mañana, se incorporaban a los trabajos de las siembras de los cultivos, y muy de vez en cuando, con sus atarrayas se iban a pescar a la orilla del mar, “pepesacas”, “plateadas” y “ejotes” (5), que abundaban en las aguas de El Pimental. También se subían a los cocoteros, a cortar su fruto, para ofrecer la dulce y exquisita agua a los visitantes..

Brenda de treinta años, esbelta, con cintura de avispa, y pechos redondos, pasaba los días tirada en la arena, en su clásico traje de baño, dedicándose a leer un libro best-seller, bajo la sombra de una palmera; mientras que Mandy, de treinta y tres años, con su cuerpo esbelto, lucía bikini. y lentes oscuros, bajo el ardiente sol acostaba en la arena sobre una toalla inmensa, se bronceaba la piel con crema de coco; hasta hacérsela del color exótico bronce.

Esos cinco días, eran de un total relajamiento. No se escuchaba la radio de San Salvador, sino que emisoras de Guatemala. No existían telefonos ni celulares, ni tampoco luz electrica. Se alumbraba por las noches con candiles de gas, se cocinaba con leña y carbón. La tecnología brillaba por su ausencia. La comida era lo más sana y natural posible.

En el desayuno servían huevos “indios” (6), ya fueran éstos pasados por agua: tibios ó amelcochados;: picados ó estrellados; frijoles de seda salcochadaos ó fritos, de la cosecha reciente; majonchos (7) asados; leche de vaca con café ó chocolate; queso y crema producidos en la casa de don Fungencio.

En el almuerzo, dependía de la pesca, a veces sopa de camarón ó pescado; y luego a éstos los freían. Lo variaban con la sopa de gallina india, y ésta la tostaban en las brasas. Se disfrutaba de la sopa de mora , de chipilin, recién cortada. Como una plato gourmet y abundante, huevos de tortuga pasados por agua, y huevos de iguana “comaleados”.(8) Las tortillas recién salidas del comal. El café, del árbol del cafeto procesado en la casa de don Fulgencio, primeramente “frangollado”(9), limpiado, tostado, molido en la piedra de moler, y por último puesto a hervir, sin preservantes ni aditivos, antes de ser servido en una taza de café..

En la cena, casi siempre echaban pupusas de arroz o de masa, las ofrecían de queso con loroco, de ayote, de mora, de frijoles, y hasta de pescado y camaroncillo..

Felipe y Adolfo con muy buen apetito, por primera vez en sus vidas, olvidaban las hamburguesas y las pizzas, comiendo saludablemente; igual ocurría con sus preocupaciones, descansaban de las responsabilidades de los deberes escolares, ya que su vida por el momento se trataba sólo de jugar.Esas si eran vacaciones bien merecidas!

Brenda y Mandy estaban casadas con Rafael e Ignacio respectivamente. Ambos hombres eran totalmente diferentes, Rafael, un agricultor, tosco, sin estudios superiores, fisicamente muy bien parecido, alto, atlético, rudo, de “armas tomar”, dormía con su revovler Smith & Wesson siempre bajo su almohada; Ignacio, culto, profesional, con una pequeña barriga, muy tranquilo…

Resulta que la última noche, se apareció Rafael buscando a Brenda y a Felipe, el cielo se encontraba despejado, con la luna iluminando la noche, como si hubiera sido de día, y las estrellas en el cielo se podían hasta contar; Rafael, había conseguido transporte en cayuco, atravesándose el estero, hasta llegar a la casa de don Fulgencio. Esa noche, para Brenda hubo fiesta, se alegró que su marido la llegara a buscarla, y juntos se incorporaron a la reunión familiar de los hijos de don Fulgencio, quienes reunidos en el rancho (10) más grande tocaban la mandolina, el acordeón, la dulzaina, y hasta cantaron “norteñas” (11), hasta la medianoche.

La familia de don Fulgencio dormía en camas adentro de unas habitaciones separadas por palmas secas que servían de paredes, mientras los invitados, en hamacas tejidas de hilo de algodón, al aire libre, a campo abierto, distribuidas desordenadamente por todo el ranchon; los pequeños, dormían profundamente; Mandy con Ignacio habían tenido el cuidado de que sus hamacas quedaran cercanas, pero Rafael, con ese carácter posesivo y dominante que lo caracterizaba, insistió que Brenda debía dormir con él en la misma hamaca, siendo ésta bastante amplia, y donde cómodamente podían descansar dos personas.

Rafael espero dos horas, calculando que Mandy e Ignacio se hubieran dormido, para comenzar a mecerse suavemente en la hamaca, haciendo el lazo un leve ruido a grillo. Rafael, estaba acostado de espaldas, y encima de él se encontraba Brenda sentada con las piernas separadas, apoyándose en el suelo con los pies empinados, haciendo un oscilante movimiento de suave vaivén, a la vez que Rafael le acariciaba con los labios ambos pechos; permanecieron unidos por quince minutos hasta quedar agotados y sucios de amor. En la lejanía se escuchaba el rugido del mar.Había econtrado a su amado Brenda!



LLAMADAS:
(1) nacimiento- son casas pequeñas elaboradas de cartón y que adornan los hogares e iglesias católicas, en Navidad el Misterio del Niño Jesus.
(2) San Luis Talpa, población costera de la jurisdicción de Zacatecoluca, Departamento de La Paz, en El Salvador
(3) El Pimental- nombre de la Playa
(4) FINATA – Proyecto del gobierno para los jornaleros arrendatarios que se beneficiaron si habían trabajado la tierra por medio de un arrendamiento, que en el año de 1979 se implemento
(5) “pepesacas”, “plateadas” y “ejotes” – variedad de pescados pequeños que se utilizan para comérselos tostados con sal y limón..
(6) huevos “indios”- son puestos por las gallinas que no son de incubadoras.
(7) majonchos – una variedad de guineo diferente al banano y al platano, se caractiza porque este es pequeño, dulce y gordito.
(8) huevos de iguana “comaleados”- son huevos que se cocen con el vapor del comal.
(9) “frangollado”, que al café seco se le quita la cascara con una raja de madera, quedando listo para escoge el grano café, que deberá ser tostado en el comal.
(10) rancho – construcción de horcones de madera, y techo de palma
(11) Norteñas- canciones populares mejicanas.



PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.

SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.

Ha escrito :
“MI TIA CONSUELO SUNCIN DE SAINT EXUPERY; y
CONSUELO DE SAINT EXUPUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..

Santa Tecla, 21 de agosto de 2009.

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