domingo, 9 de agosto de 2009

FANNY LA INQUIETA

Por Mireille Escalante Dimas

A un kilómetro de distancia, del Cantón Tres Ceibas, sobre la carretera pavimentada que conduce a Sonsonate, a mano derecha, justo frente a la Hacienda Puerto Arturo, estaba la Finca Lutecia, donde se llevaría a cabo la atolada organizada por la tía Mady. No había lugar a equívocos, ya que ondeaban unas tiras largas de fuertes colores inconfundibles cortadas de papel crespón, adheridas a los postes del falso de la entrada (1), en señal de bienvenivida a la atolada.

La pequeña casa patronal rebalsaba de personas, todas preparándose para la reunión. En el frente, en el amplio patio cuyo suelo era de tierra habían muchas sillas, invitando a sentarse en ellas. El sol, no se sentía quemar, ya no estaba perpendicular, la temperatura había bajado; los altos y frondosos árboles de mango, mamey y aguacate, cubrían con su sombra, un buen trecho del patio, mientras se sentían suavemente las caricias del viento.

Desde adentro de la casa. se escuchó gritar entusiasmada a la tía Mady:

-¡Apuráte Tancho con los elotes!-.

-Ya voy señora- le contestaba, mientras colocaba en el suelo el costal (2) lleno de elotes.

Apenas el reloj marcaba la una de la tarde, pero comenzaba el movimiento, el ajetreo de la atolada, porque a las tres en punto, se esperaban a lo invitados, y por ser hora salvadoreña, se conocía de antemano que tendría como retraso mínimo una hora, que realmente la concurrencia llegaría a las cuatro.

La tía Mady, había regresado después de haber vivido cinco años en Paris, Francia, trayendo consigo costumbres sociales abiertas, hablando divinamente el francés, practicándolo cada vez que la oportunidad se le presentaba. Cuando Fanny, su sobrina, presenciaba la conversación de la tía Mady, se moría de vergüenza, no obstante que ella, también había aprendiido el idioma. El viaje a Francia enfermó a la tía Mady, añoraba ese tiempo; amaba su libertad, nunca pensó en formar un hogar, consideraba que ningún hombre la merecía a ella, de tal modo que la búsqueda de su “ principe azul”, era interminable; se había resignado a “quedarse a vestir Santos que a desvestir borrachos”, según su decir, sin embargo disfrutaba de la compañía del sexo opuesto. Le había enseñado a Fanny su teoría, quien rápidamente la asimiló: los hombres serían nada más una pasajera diversión.

A pesar de ser solterona, y entrada en sus años, la tía Mady era de lo más alegre del mundo. Todos los días se arreglaba como si fuera a una fiesta, con su maquillaje espeso en la cara para cubrirse las imperfecciones de la piel, ocultaba las manchas del sol y arrugas; sus labios finos y delgados los delineaba con pinta-labios rojo carmín, para espesarlos y convertirlos en gruesos y carnosos; su cabello siempre rubio oxigenado; su piel cuidadosamente bronceada; .era pequeña de estatura, pero muy bien delineado su cuerpo, usaba trajes una talla menos, a la medida que le correspondía, razón por la que la ropa se le ceñía a la piel.

Esa tarde llevaba pasaríos ajustados que le marcaban perfectamente sus anchas caderas, las que se acentuaban debido a la cintura delgada; que orgullosa mostraba; lucía una blusa escotada mostrando sus abultados pechos. Caminaba de un lado a otro, bamboleante con sus zapatos de tacon alto, supervisando a las empleadas a fin de que la atolada fuera todo un éxito; cuidaba evitar que se “cortara “ el atol,r; que los tamales salieran ahumados; y los elotes, quemados”.

Realmente la atolada era un acontecimiento importante para la tia Mady, siendo casi de tinte político, porque entre los invitados estaban el Alcalde Municipal de la ciudad de Armenia, y sus Regidores con sus respectivas familias; por supuesto la presencia de su hermana Ana Dolores, casada con don Alejandro, un funcionario importante, que desempeñaba el cargo de Magistrado en la Cámara de lo Civil de Occidente (3) con su inquieta y glamorosa hija Fanny, sobrina de la tía Mady.

La Tancho auxiliada por la Mancha y la Braulia, arrancaban rápidamente las hojas verdes del elote, a veces utilizando filosos cuchillos, hasta dejar al descubierto los granos del elote, mazorcas recién cortadas de la milpa cosechada en la finca.

-Poné aquí de este lado, los elotes que se van a hervir, para comerlos salcochados: y en este otro lado, los que vamos a desgranar para llevar al molino- ordenaba la Tancho.

La tía Mady, nerviosa esperaba el regreso del molino, mientras en el poyetón de la cocina estaba la leña convertida en brasa incandescente, y una olla negra redonda y honda, llena de agua, leche,.azúcar y canela, constantemente se le revolvía para evitar que se pegara, mientras se le agregaba la masa molida del elote hasta llevarlo a ebullición, durante veinte ó treinta minutos; y antes de servirlo en huacalitos de morro (4), debía pasarse el líquido por un colador corriente.

Y sobre la mesa cuadrada de madera las hojas verdes del elote, arregladas esperaban también la masa molida revuelta con azúcar, sal, margarina, y pedacitos de chicharrones para que se colocaran sobre las hojas, tres cucharadas grandes de masa, envolviéndose luego las hojas del mismo elote, y doblando las puntas de las hojas; así, formados los tamales crudos, se depositaban en el galón de aluminio, en cuyo fondo estaban chocados unos olotes (5) y hojas verdes con un poquito de agua, a manera de colchón, para al entrar en ebullición, no se lavaren los tamales, y perdieran el sabor y gusto.

Por otro lado, en un recipiente grande, hirviendo elotes con las hojas hasta quedar cocinados, y comérselos salcochados con sal, acompañados con el atol. ¡ Banquete exquisito cuyas raíces se remontaba a los origenes de Mesoamerica !

Cuando dieron las tres de la tarde, todo estaba cocinado; la tia Mady esperaba a los invitados, sentada tranquilamente en una mecedora del corredor de la casa patronal. Había también decorado a los árboles alrededor de la casa con globos pequeños y grandes, de variados colores. Eran los primeros días de agosto, y la primera cosecha del maíz pespuntaba posistivamente. Por tradición, año con año, la tía Mady celebraba la atolada; pero, después de degustar el atol, los tamales y los elotes, los hombres brindaban con licor, y al calor de los tragos se deleitaban contando chistes, anécdotas, cantando, derivándose la atolada en una fiesta que terminaba a las siete de la noche,

El Alcalde Municipal, don Luis, llevaba la música, y con él iban tres guitarristas, quienes además de ser expertos en cantar boleros, tocaban de maravilla. Don Alejandro, iba aperado de unas cuantas botellas de whisky, ron y vodka, y para los que preferían bebida más suave, les ofrecían “agua dulce” (6).

Fanny, la guapa e inquieta sobrina, justo en la flor de su juventud; ansiosa más que por conocer el amor platónico, buscaba el placer mundano; se fijó en uno de los músicos, quien en broma y en serio, ella manifestaba que “estaba tal cual como el médico se lo había recomendado”; queriendo indicar que ese era el hombre apropiado; lo consideraba en ese momento, un muñeco, con voz de jilguero.

El hombre escogido por Fanny, le decían “El Plateado”- jamás se le conoció el verdadero nombre de pila; así le llamaban porque por ser joven, tenía la cabeza llena de canas, de pelo blanco; él vivía en San Salvador, y tenía presentaciones en el Teatro Principal donde él tocaba la guitarra al mismo tiempo que cantaba canciones del recuerdo, también se le conocía como “el show-man”.

A medida que transcurría la tarde, y las botellas de licor empezaban a escasear “El Plateado” con su requinto español, de cuerdas metálicas, tocaba melodías vibrantes a la encantadora Fanny, quien embelesada lo escuchaba. Por supuesto, ella le correspondía ni corta ni perezosa, lanzándose a responder a la conquista de “El Plateado”; ella, le ofreció llevarlo a conocer el río que atravesaba la finca, aprovechando aún la luz del atardecer que iba cayendo.

Caminaron entre la maleza unos treinta metros, para llegar al arroyo, un continuo y delgado hilo de agua, con pececitos nadando, su cristalina agua, escuchandose el murmullo suave del correr del cauce. Fanny, sin mediar palabra se desnudaba lentamente con gallardía soltura a la orilla, para adentrarse a las aguas, y recostarse en medio de la suave, y cálida vertiente.

-Haceme compañía que el agua está de ensueño- expresó Fanny dirigéndose a “El Plateado.”

El, no salía de su asombro, al ver el atrevimiento de Fanny; le admiraba el cuerpo esbelto, y bien formado de piel durazno aterciopelada . Por supuesto que aceptaba el reto; él también se quitó su ropa, dejándola en el mismo lugar donde estaba la de ella; y colocándose encima de Fanny al mismo tiempo que al oído le susurraba:

-¿Te sientes cómoda? ¿Avísame si te lástimo?

Fanny no contestó: la respuesta que obtuvo fue el ofrecimiento de sus sensuales labios en señal de aceptación.

Iniciaban el encuentro amoroso, “El Plateado” le besaba los senos, los cuales con su pícara lengua le recorría alrededor los pezones, mordisqueándoselos con dulzura; le acariciaba con besos el cuello, y de vez en cuando, con las manos le echaba agua del manantial mientras que con movimientos rítmicos y pélvicos suavemente sus humanidades se hundían en el agua. Disfrutaron soberbiamente, la caída del atardecer; secando sus cuerpos al viento; se vistieron para reincorporarse al final de la atolada, como un par de seres particulares, que nada había ocurrido entre ellos. Había sido uno de esos encuentros inolvidables de placer y lujuria. En medio del bullicio, y del calor de los tragos, nadie se había percatado de su ausencia.

Ni él ni ella, sintieron tener jamás compromiso alguno; había sido todo un arrebato de deseo momentáneo, que lo supieron aprovechar. El encuentro lo consideraron una aventura más en sus vidas. Cada quién siguió sus destinos diferentes, despidiéndose en la finca, para siempre, con un beso tierno al final de la atolada.







LLAMADAS:

(1) el falso, es una especie de porton usado en propiedades rústicas; está hecha por postes secos de madera de árbol, todos del mismo tamaño y grueso, sostenidas con cuatro hileras de alambre de púas, pudiéndose retirar para entrar, y vuelta a colocar.

(2) el costal, una bolsa de plastico grueso y grande, que sirve para depositar alimentos, como mazorcas de maiz, y frutas.

(3) el Occidente de la República de El Salvador, comprende los Departamentos de Sonsonate (entre sus Municipios, está Armenia), Santa Ana y Ahuachapan.

(4) huacalitos de morro, recipientes hondos fabricados del fruto del árbol de morro, usados para servir líquidos, acostumbrados en la campiña.


(5) olotes, el mismo elote pero raspado, sin los granos.

(6) “agua dulce”, bebida usada por los indígenas desde tiempo inmemorial, a base de piña fermentada con agregado de dulce de panela y maíz.



PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.

SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.
Ha escrito :
“MI TIA CONSUELO SUNCIN DE SAINT EXUPERY; y
CONSUELO DE SAINT EXUPUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..

Santa Tecla, 9 de agosto de 2009.

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