POR MIREILLE ESCALANTE DIMAS
Habían transcurrido dos años desde las Justas Nupcias entre Martín y Brenda, y aún se encontraban sin tener al heredero, no tenían bebe. Brenda, había desfilado por varios ginecólogos, quienes le habían recomendado el doloroso tratamiento emocional en la trompas de Falopio por si acaso los ovarios estuvieren obstruidos; ella había visitado curanderos y matronas quienes le habían aconsejado tomarse diariamente la temperatura, y que el día que amaneciera con menos de 37º C de temperatura, razón por la que esa noche, ella debía estar copulando con su marido, era señal de un posible embarazo… también debía bajar de peso, porque le alegaban la gordura no la dejaría concebir un hijo, aunque su peso era de 60 kilos, y su cuerpo era proporcionado debido al constante ejercicio, asistía con regularidad al gimnasio de la colonia, muy cerca de su casa y donde la instructora conocía las aspiraciones de Brenda, focalizando los ejercicios en la parte pélvica, a tal grado que parecía como si constantemente bailaba “mambo”, Brenda hasta el cansancio movía para adelante y para atrás, a izquiera y a la derecha, las caderas; terminando su clase, se trasladaba a una habitación pequeña que tenía una camilla angosta donde ella se recostaba totalmente desnuda, dejándose un pequeño bikini para que una señora alta de manos fuertes, le aplicaba durante cuarenta minutos un masaje reductivo.
Brenda apenas de veintisiete años quería a toda costa sentirse realizada como mujer, y por supuesto tener su bebé, por lo que practicaba todo los consejos dado, y como un ritual diario se sometía a las instrucciones indicadas. Martín de treinta y cinco años, con grado de Capitán del Ejercito de la Fuerza Armada de El Salvador, por su parte, sabía que él no era estéril.
Brenda, en esa noche de “Brujas”, 31 de Octubre, había ido con Martín a bailar a casa de un primo, donde habían tomado unas copitas de más, en la reunión. En la madrugada, de regreso a casa, Brenda le tenía una sorpresa a Martín. Se había comprado un “baby-doll” color melocotón, y como estaba elegantísima con su peinado de salón, su manicure y pedicure perfecto, olorosa a néctar de frutas tropicales, y como si hubiera sido una gatita ronroneante, al nomás llegar a casa, ella corrió a tenderse seductoramente en la cama. Martín, la encontró sensual, con el camisón corto y transparente de Jersey, admirándole sus pechos redondos, y dejando ver sus otros encantos, los que le volvían loco. El, la amó como siempre, la beso de punta a punta, desde el cabello hasta la punta de los pies, la poseyó en suave vaivén, la hizo suya toda la noche. Además ese día, temprano ella se había tomado la temperatura corporal, y según prescripción del médico era la oportunidad propicia para hacer el amor, y concebir un hijo.
Al mes, y a veces hasta con días y semanas de retraso de su menstruación, Brenda, celebraba ese acontecimiento, rompiéndose el hechizo, al encontrarse con dolores de vientre y manchando sangre en sus bragas. Transcurrieron los siguientes seis meses, y Brenda, aún sin salir embarazada. Ella no eras feliz, vivía decepcionada, preocupada, insegura de su relación con Martín, afrontaba la realidad y conocía que un día de tantos, él podría tener un pretexto para dejarla, ó por lo menos para andar de picaflor por ahí con otras mujeres, so pretexto de buscar descendencia.
Martín, dentro de su carrera militar, tenía que afrontar la guerra de los años ochenta en El Salvador, y el destino lo había mandado a presentarse a uno de los tantos operativos en el Cerro de Guazapa. Martín dirigía su pelotón en medio de la maleza, y después del duro enfrentamiento entre la guerrilla y el ejercito, justo cuando quedaba un silencio total, debido al desaparecimiento de los combatientes de la guerrilla, una chiquilla de dos años de edad que a duras penas podía mantenerse en pie, fue descubierta por los soldados, por su constante llanto; la pequeña deambulaba íngrima y sola. No se supo nada de ella… si había quedado huérfana de padres, y sin hermanos… o si ellos por salir huyendo habían abandonado a la pequeña. Martín, vió la oportunidad de recoger a la niña, y de llevarsela a casa, interpretó que Dios se la había puesto en el camino, y que ella salvaría su matrimonio con Brenda… ¡Ya tenían una hija, al fin eran padres!
Se presentó Martín al Registro del Estado Familiar de la Alcaldía Municipal de Colón, a asentarla como hija suya y de Brenda; para ese entonces, las autoridades edilicias no requerían mayores tramites para probar el parentesco, quedando asentada con el nombre de Yazmin, aludiendo a la flor fragante del Jazmín, siendo sus padres: Brenda y Martín..
Ellos desde ese día derrochaban y vertían todo su amor y cuidado sobre Yazmin, a quien mimaban, le compraban juguetes, y cuando estuvo en la edad de asistir a una Guardería, la matricularon. Yazmín creció educadamente, estudió en colegios donde aprendió moral y religión; graduándose de un Instituto como Modelo a la edad de dieciocho años, donde además había recibido clases de etiqueta y de comportamiento social, ella, era el orgullo de sus padres; Brenda y Martín siempre le guardaron el secreto de su origen; para ella, eran sus padres adorables, además eran los únicos seres que había conocido. Yazmin, no recordaba absolutamente nada de su trágica infancia. Sin tanto esfuerzo, logró conseguir trabajo, reunía los requisito de toda una Modelo de Pasarela, era delgada, bien proporcionada, pelo liso azul negro, ojos rasgados, cara ovalada, y labios rojos casi transparentes. La fotografía de su cara y su cuerpo, se perfilaba en las revistas de modas, y más de alguna vez, en la portada principal.
Caía la tormenta de San Bartolomé, el 24 de agosto, trayendo consigo sapitos verde musgo que se quedaban pegados en la solaire, cuando Eladio, un compañero de armas de Martín se había quedado atascado con su vehículo, por la incesante lluvia, casi enfrente de la casa de Martín. Acudió a solicitar auxilio, donde Brenda le prestó una toalla para secarse el pelo, Martín le proporcionó una camiseta para que se quitara la ropa mojada… y naturalmente surgió la alegría de volverse a encontrar con su entrañable amigo de trabajo. Martín le ofreció una copita de cognac para evitarle un posible resfriado. Conversaron largo y tendido, recordaron anécdotas pasadas y agradables.
De pronto, Eladio inquiere a Martín:
-Y qué pasó con la pequeña de Guazapa que encontramos abandonada en el campamento quemado… y sin quién por ella? La que tú recogiste!-
-Mirá, fijate que ella ahora es mi hija, y me siento muy orgulloso! –replicó Martín.
..Ya debe de tener quizá los veinte años, verdad?-inquirió Eladio.
-Si; ella ahora es un símbolo juvenil de superación, es conocida en todo el país; realmente es como el Ave Fénix, que logró superarse; surgió de entre el sangriento enfrentamiento, siendo en la actualidad muy hermosa y humana- explicaba Martín.
Nadie, de los presentes, se había percatado que Yazmin, estaba en la cocina, y que sin querer, se enteró de su origen.
Cuando cesó la lluvia, Eladio se marchó, y Yazmin se dirigió a Brenda, y cariñosamente le dijo:
-No me interesa si no eres mi madre biológica; yo te amo mucho a ti, y a Papito.
Así se cerró el origen enigmatico de Yazmin, quien comprendió al fin, la visión de sus apesaradas pesadillas que más de alguna vez, le oprimieron el corazón.
Santa Tecla, 25 de Septiembre del 2009
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.
Ha escrito la obra: “MI TIA CONSUELO DE SAINT EXUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..
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