Por MIREILLE ESCALANTE DIMAS
Iniciaba el año de mil novecientos setenta, y la ciudad de San Salvador despertaba aceptando la modernización. Los vehículos, inundaban las avenidas y boulevards, transitando sus amplios carrilles; ya se habían inaugurado hoteles de categoría Cinco Estrellas, como el Hotel Camino Real, sobre el Boulevard de Los Heroes, el Hotel Presidente, frente a la Feria Internacional, el Hotel El Salvador; sotiuado en la Colonia Escalón, y en el corazón de la ciudad, el Hotel Gran San Salvador; habían edificaciones atractivas imitando los Malls.. Corriendo de un lado a otro, y haciendo compras, adentro del Supermercado TODOS, de Metrocentro, Carmina, taloneaba las veinte primaveras, ya que por la tarde debía presentarse a clases a la Facultad de Derecho, de la Universidad Nacional de El Salvador.
Al igual que su nombre, ella había nacido con labios rojos; no necesitaba usar lápiz labial, la sangre se traslucía en la carnosa e insinuante boca; de ojos amarillos almendrados, y tez blanca como la espuma de mar, de estatura media, cabello liso largo azul negro que le caía hasta los hombros, espigada, pechos redondos, caderas voluptuosas, y acentuándose estrechamente su cintura.
Ella, como toda una buena estudiante universitaria, asistía a clases a la Facultad Derecho, ésta, parecía un templo romano, con una arquitectura inconfundible de la época de los Césares; tenía en la entrada largas y extendidas escalinatas, adornadas por varias columnas gruesas que se encontraban a los extremos derecho e izquierdo; su interior, espacioso, techo alto, y pilares gigantescos de mármol de Carrara, pintado de blanco – inmaculado, tal como exigía “la justicia”. Al costado izquierdo, estaba situada la oficina del Decano, y la biblioteca; y en la segunda planta, se alojaban los cubículos de los catedráticos. Habían unos elegantes sillones negros, cómodos casi en la entrada del Decanatado. El piso brillante como un espejo. Al final del amplio salón de la entrada, se encontraba la cafetería, donde los estudiantes, en los intermedios de clases, degustaban un café, luego estaba el majestuoso Auditórium, con un mural del pintor Miguel Angel Salinas, evocando a los trabajadores y a la Paz, simbolizada por medio de una paloma blanca en pleno vuelo llevando una ramita de árbol en su pico. Las Juramentaciones de los nuevos estudiantes, y demás actos académicos, se realizaban ahí..Carmina con su padre, había estado presente hacía dos años atrás en el mismo Auditórium juramentándose como estudiante, comprometiéndose a no ser nunca una “desertora” del Derecho, y a servir a la sociedad..
Por las mañanas, de lunes a viernes, Carmina asistía a clases con el horario de siete a nueve de la mañana. Generalmente a las nueve de la mañana se acrecentaba el movimiento estudiantil, se escuchaba el ronronear de los estudiantes como un panal de abejas exaltadas sobrevolando. La mayoría de los estudiantes, debía presentarse a trabajar a los Juzgados, como empleados ó como litigantes; luego quedaba solo el salón, reinando la tranquilidad y la calma. Al lado derecho, había un pasillo que conducía a los salones de clase, que rodeaban un patio descubierto de forma rectangular, donde compenetraba la claridad del sol, con un par de palmeras.
Carmina gustaba descansar en los sillones matando el tiempo. Un día de tantos se le acerco un simpático joven que le dijo:
-Me llamo Mario Rodolfo, y tú cómo te llamas?-
-Carmina- respondió con cierta timidez.
-Es primera vez que te veo! –dijo Mario Rodolfo.
-Que raro, siempre estoy aquí; lo que ocurre que me voy a la biblioteca a leer- le respondió Carmina.
El comentaba que debido a la beca que le otorgaron para estudiar en Chile, durante dos años, había retrasado sus estudios. De lo contrario quizá nunca se hubieran conocido.
Mario Rodolfo, mayor siete años que ella, tenía un temperamento voluble: a veces entusiasta, otras, melancólico; sin embargo la mayor parte era predecible.
-Quieres almorzar conmigo, y luego vamos al Cine Paris; a la una de la tarde, exhiben una película clásica, de los artistas del cine mudo: - invitó Mario Rodolfo mientras exhalaba el humo del Windsor.
-Bien, no tengo nada que hacer, aceptó- replicó Carmina.
Adentro del cine, esa tarde, se murieron de risa, como nunca lo habían hecho, a Carmina le dolió hasta el estómago de tanta carcajada. Vieron diferentes historias cortas, conocieron las gracias de Gloria Swanson, provocativa y sensual, con su boca pequeña y ojos expresivos atada a los rieles de un tren, pidiendo auxilio; Laurel y Hardy discutiendo y en un arranque de cólera se tiraban recíprocamente pasteles a la cara; Charlie Chaplin, con su caminado especial, una sombrilla que usaba como bastón, y un sombrero de copa negra, enamorando a una señora; Groucho Marx escondiéndose de los acreedores; un film inolvidable, la misma que sus antepasados una vez habían disfrutado.
Por supuesto, que después del cine, ambos se dirigieron nuevamente a estudiar por la tarde al Alma Mater.
Desde ese día, Mario Rodolfo y Carmina, se volvieron inseparables, habían congeniado, se juntaban a la salida de sus respectivas clases, conversaban sobre las materias que cursaban, discutían problemas de trabajos de investigación, analizaban respuestas a los exámenes presentados en el Ciclo, sus vidas las comenzaron a compartir como si hubieran sido almas gemelas, entre ellos, se adivinaban el pensamiento. A pesar de llevar vidas separadas, se identificaban y se compenetraban entre sí.. Carmina, pensaba que éso que sentía era amor, y él por su lado, también sentía corresponderle..
Llegado el Uno de abril, el cumpleaños de Carmina, Mario Rodolfo, le obsequió una rosa roja de tallo largo y sin espinas, la cual aceptó orgullosa Carmina. Por la noche, sin previo aviso, cuando ella se encontraba él acompañado por el famoso tenor Pablo Ríos y el trío de La Praviana la despertaron con música de guitarra, con una serenata, habiendo sido la primera canción, Tres Regalos que decía así::
“”””””” Te espero
No voy a marcharme
No voy alejarme
Sin antes decir .
Que lloro
Que sufro al mirarte
Tan cerca en mis manos
Sin poderte asir-
Quiéreme .
Porque yo creo merecerte
Porque ya logré ponerte
En mi alma tu más grande altar.
¡Ay pero quiéreme!
solo basta una sonrisa
para hacerte tres regalos
son el cielo, la luna y el mar.
Yo que soñé
con tener una reina
que mandara en mis adentros
ya no tengo que buscarla
porque en ti todo lo encuentro”””””””””.
Mario Rodolfo aún conservaba las tradiciones de los abuelos. Carmina, conocía las serenatas solo de las películas mejicanas de Pedro Infante, y Jorge Negrete… Jamás le habían dedicado una!
Fue en ese instante que Mario Rodolfo le declaraba y juraba amor eterno.
El no tenía palabras de cómo expresarse, por ese motivo había acudido a tan bello recurso, e inolvidable declaración unica de amor: la primera que en su vida le ofrecían a Carmina. Así fue como sellaron su compromiso de amarse eternamente.
Continuaron frecuentando diariamente la Facultad, y al haber transcurrido seis meses de la serenata, Mario Rodolfo le propuso a Carmina, celebrar el fin del Ciclo de estudios invitándola a un paseo al Lago de Ilopango, a la quinta de su tío Francisco, la cual estaba situada en el Cantón Asino.
-Mira, deberemos atravesar el lago en lancha- le decía Mario Rodolfo.
-Cuanto tiempo navegaremos?- replicaba Carmina
-No más de veinte minutos, si está cerca el lugar don vamos- explicaba él.
Efectivamente, se encaminaron por la carretera que conducía al antiguo Aeropuerto de Ilopango, rumbo a Oriente, estaba el desvío a Apulo, era una calle estrecha y sinuosa. Al llegar al balneario, éste parecía más un amplio parqueo que un bosque de árboles, con chalets que vendían comida y bebidas al son de la música de rocolas, Al frente estaban las aguas azules y verdosas, que bañaban la playa de arena blanca y gris.
-Te encantará esta una nueva experiencia- le murmuraba Mario Rodolfo, dándole valor para quitarle el temor, al momento de embarcarse frente a un faro ornamental de cemento de ocho metros pintado de color blanco.
Adentro de la lancha, Carmina observó que el motor estaba en la parte trasera, y a la par estaba su conductor; ellos se sentaron tomados de la manos, y la lancha comenzó suavemente a navegar, luego, sintió sobre su rostro un fuerte viento, escuchó el zumbido y el ruido ocasionado cuando se abría paso la lancha en las aguas profundas del lago; logró vencer el miedo de morir ahogada, al ver el paisaje que se develaba ante sus ojos, a su alrededor aparecía un conjunto de diversos árboles, cuyos verdes eran diferentes.
En un abrir y cerrar de ojos se habían atravesado en lancha el lago, y habían llegado a la quinta, la cual quedaba justo en el extremo opuesto de donde estaba el Faro de Apulo. En ese lugar alejado del bullicio, con sus tranquilas aguas que ondeaban suavemente, se encontraba a la orilla, una casita pequeña, una casita de muñecas. Esta era prácticamente una cabaña con todas sus comodidades, sala-comedor, un dormitorio, un baño con ducha y servicio sanitario, y la cocina completamente equipada, hasta se encontraba comida y bocadillos… y vino de todas clases: tinto, blanco, rosado, y sangría. Carmina pretendiendo ser una buena catadora de vinos, comenzó a probar primero uno, luego otro y otro, Mario Rodolfo la secundaba. Perdieron la noción del tiempo, se marearon, y acudieron al dormitorio donde una cama matrimonial los esperaba insinuante. Con la efervescencia y al calor del vino, sus inhibiciones se perdieron, por lo que primero ella se desvistió, quedándose en ropa interior, y luego, él la abrazó ardientemente y con lujuria, sin darse cuenta se quedaron sin ropa, por los poros se sentía que les brotaba a flor de piel el deseo, jinetearon caballos desbocados hasta alcanzar el cansancio, se besaron con locura, se acariciaron todo el cuerpo; se fundieron en un solo ser, quedándose dormidos por dos o tres horas… Cuando al fin despertaron, buscaron al lanchero, quien pacientemente los esperaba a un lado de la playa, y siguiendo las instrucciones del tío Paco, llevó a la feliz pareja de regreso a Apulo.
Santa Tecla, 10 de Septiembre de 2009
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.
SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.
Ha escrito :
“MI TIA CONSUELO SUNCIN DE SAINT EXUPERY; y
CONSUELO DE SAINT EXUPUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..
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