Por MIREILLE ESCALANTE DIMAS
Acababan de asolar en El Salvador, los terribles terremotos del 13 de enero y de febrero del dos mil uno, quedando las casas por el suelo; San Marcos fue una de las ciudades mas devastadas, razón por la que el Juzgado de Primera Instancia de San Marcos, tuvo que trasladarse a una quinta espaciosa, localizada en el kilómetro ocho, sobre la carretera que conduce a Los Planes de Renderos.(1) . Los salones interiores se adecuaron para oficinas; en el exterior, se apreciaba la magnificencia de la naturaleza, con los pinos y cipreses centenarios, respirándose el aire puro - sin la contaminación del humo de los escapes de los vehículos-; el clima fresco y agradable de montaña perduraba durante del día. En dicho tribunal se ventilan casos civiles y penales.
Candy, como Fiscal de Planta adscrita a dicho tribunal, permanecía en ese lugar las ocho horas laborales. Era una joven Abogada atractiva, de labios sensuales, tez blanca porcelana, mejillas rosadas, cabello amarillo, de ojos extrañamente enormes color miel, pestañas abundantes y rizadas, por lo que su parecido asemejaba más a una extranjera que a una salvadoreña; de estatura mediana, ni alta ni baja pero bien marcado en su cuerpo sus redondos pechos, cintura estrecha y caderas prominentes. Todos los hombres la admiraban en silencio, y murmuraban -Qué atractiva, y qué amable, además, soltera y sin compromiso- . Sus compañeros de trabajo habían comprobado que no tenía esposo, ni novio, y que a su lado estaba su recién viuda madre.
.Entre sus admiradores secretos se encontraba Luis Maceda, a quien se le podría catalogar como buen mozo, alto, muy alto y corpulento, cinco años mayor que Candy. El acostumbrado a llegar diariamente al Juzgado, a agilizar un trámite que por razones de su trabajo se ventilaba en ese tribunal, aprovechaba siempre conversar con Candy. Después de varios días, Luis, entabló confianza y con el objeto de agradarla, le llevaba a obsequiar : melcocha y canillitas de leche (2), los cuales ella coquetamente los aceptaba, y demostrándole su agradecimiento, frente a él, los saboreaba lamiéndolos con su diminuta lengua, hasta engullirlos en su totalidad.
Un día de tantos, Luis no pudo resistir más ese sentimiento que en su interior le quemaba, y lo impulsaba a acercársele más a Candy, así que un día se envalentonó y sacando fuerza de flaqueza, la invitó a dar un paseo al Parque Balboa (3). Quedaron de verse a la salida de su trabajo, a las cuatro de la tarde; él la pasaría a recogerla en su pequeño Jeep el día Lunes, porque efectivamente ese día no había señalada Audiencia, lo que significaba que no había ninguna pena de que pudiera prolongarse la hora de salida. Para Luis, el sábado y domingo fueron los días más largos de esa semana. El estaba ansioso porque fuera ya el día lunes. Había practicado frente a un espejo de cuerpo entero, una y otra vez, las palabras que pronunciaría para seducirla, para encantarla.
Candy, un año antes había tenído una amarga experiencia por aceptarle a Ricardo Toledo, un tosco litigante, la invitación que le hiciera a comer pupusas en el Mirador de Los Planes de Renderos (4). Efectivamente, ella recuerda que inmediatamente después de comerse las pupusas (5),le quiso cobrarse la atención, insinuándole que la llevaría a un lugar a descansar… Ella, le expresó, que no se sentía cansada, y que la fuera a dejar a su casa. Eran días de invierno, resultando un clima variable, en cuanto hacía un calor insoportable, llovía torrencialmente a cantaradas (6). Ricardo, enfurecido, y a excesiva velocidad inició el descenso hacia San Salvador, y fue tan poco caballero, que al nomás llegar a la ciudad por la ruta de la Autopista de Comalapa (7), justo a la altura del Estadio Cuscatlán (8); tuvo el descaro de pedirle que se bajara de su vehículo, bajo una fuerte tormenta. Candy le obedeció… se encontró perdida, no conocía las rutas de los buses, pero ello, no le preocupaba, era más grande el dolor interno causado por la herida inflingida en su corazón, que soltó en llanto; las lagrimas se confundían con la lluvia rodándole por las mejillas. no sabía si lloraba por humillación ó por cólera; pues en su interior, sentía que Ricardo la habia mancillado, intentando abusar de ella, que la había maltratado como a una cualquiera. Al fin, encontró, después de caminar mucho, la parada de buses, que la llevó a casa. …
Al día siguiente en el Juzgado cuando se presentó a su trabajo encontró a Ricardo tan sereno y tan fresco, que hasta alegremente intentó saludarla, pero ella, muy digna ni siquiera le dirigió la mirada, y mucho menos, la palabra.
Con Luis Maceda, sus sentimientos eran distintos. Es más, ese lunes, llegó Candy, olorosa a Amarige, casi se termina el frasco de perfume rociándose por todo su cuerpo. Lucía su mejor traje sastre color negro que le hacía resaltar su piel blanca, con su attaché Chistian Dior, y saliendo del tribunal a las cuatro en punto, Luis la esperaba ansioso en su vehículo.
Se dirigieron rumbo arriba, hacia las alturas del Parque Balboa. La niebla comenzaba a caer suavemente, y el romance fluía en el ambiente. Encontraron el parque sin un alma, totalmente solo. Ellos permanecían adentro del vehículo, estacionados a un lado sobre la calle pavimentada justo donde se encuentra enclavada la escultura de piedra de la imagen del indígena sentado con sus piernas encogidas; platicaban animosamente, y se reían con jovialidad. A los veinte minutos de permanecer así, Luis arrancó el Jeep, y se introdujo en una senda llena de gradas, de muchas gradas, que conectaban a la otra calle pavimentada que estaba situada paralelamente, y servía para acortar el tramo, bajando en su vehiculo las gradas. Suerte para ellos, que no había guardabosque, ni policía vigilante. El Jeep iba brincando y saltando la gradería, llegaron en cuestión de segundos al otro lado de la calle. Candy solo en películas de persecución había visto esas proezas, jamás las había experimentado.
Luis obtuvo lo que deseaba, que Candy se impresionara!
Después de semejante peripecia, Candy aún con el corazón latiéndole que se le salía del pecho, no lograba aterrizar a la realidad. Ahí fue cuando amorosamente Luis le dijo:
-Te voy a llevar a una parte donde podrás relajarte-
Candy, esperaba ansiosa de un momento a otro, ese ofrecimiento, por lo cual, sin titubear, aceptó.
Comenzaron a descender por la carretera de Los Planes de Renederos, y llegaron al kilometro cuatro, donde a mano izquierda se encontraban varios apartamentos pequeños, de dos plantas, pareciendo un colmenar de abejas; estaban al natural, sin pintura, de color cemento. Luis se introdujo a la cochera de uno de los apartamentos, y con Candy se bajaron de vehículo. Subieron unas escalinatas de pocas gradas, y al abrir la puerta de madera, invitándoles a pasar, una cama king size, con sabanas y almohadas de satin.
Primeramente se sentaron en unos cómodos sillones para continuar conversando como dos adultos mientras se tomaban sus apetitosos jugos… Ninguno de los dos, ingerían bebidas embriagantes; ella porque necesita estar sobria para calificar el comportamiento de Luis, y además quería sentirse amada. Luis, por su timidez, prefería la sobriedad, no sentía la suficiente confianza de insinuarle a Candy que se desvistiera; esperando la oportunidad, la cual le llegó con el petexto que él estaba transpirando, de nervios, no hacía calor en absoluto, y a pesar de que al fin la tenía en la intimidad, frente a frente y solo para él, no tenía valor de abordarla; pero se armó de valor, tomó la iniciativa, expresándole:
-Voy a quitarme la camisa; uf, uf, tremendo calor…, quieres que te ayude a quitarte la chaqueta, Candy?
Inmediatamente, ella, solo esperaba esa insinuación, para ponerse de pie, y quedarse en cuestión de segundos totalmente sin ropa…
Luis, la miraba y la admiraba, mientras pensaba: Lo bella que era?
Tenía su triangulo de vello púbico rubio oscuro recortado, descubriendo, que Candy efectivamente parecía europea, y que su color natural del cabello era rubio.
La abrazó, le beso los labios de su boca , carnosos y sensuales, y así ambos se recostaron en la cama. Tuvieron instantes de intimidad gloriosos, a veces ella sobre él lo jineteaba con sus piernas abiertas; otras, juguetonamente, ella quedaba debajo de él con las piernas levantadas sobre sus hombres… Disfrutaron de la miles de poses inimaginables, para hacer el amor. El Kama Sutra, había sido superado, quedaba como un texto para infantes!
LLAMADAS:
(1) Los Planes de Renderos paseo turístico para nacionales como extranjeros, pertenece al Cantón del municipio de Panchimalco, departamento de San Salvador, ubicado a 9.5 kilómetros al sureste de la capital.
(2) Melcochas y canillitas de leche¸ dulces típicos: dulces típicos elaborados; Miel, a base de dulce de panela, que estando muy concentrada y caliente, se echa en agua fría, y sobándola después, queda muy correosa.
(3) Parque Balboa: Pulmon de San Salvador, con 36 manzanas de terreno, poblado predominantemente de nogales, manzana rosa y mango, los cuales atraen variedad de aves y otras especies como ardillas.
(4) El Mirador de Los Planes de Renderos: situado a un lado del Parque Balboa, y tiene una vista panóramica casi total de San Salvador, y en dicho lugar se encuentra un gran número de pupuserías.
(5) Pupusas: Platillo típico formado de maíz con ingredientes de queso, frijol, chicharron, y se cocina en comales de barro, ó de metal.
(6) cantaradas: el agua ó líquido que se riega por estar contenido en una vasija .
(7) Autopista de Comalapa: Carretera de cemente, que conduce al Aeropuerto Internacional de El Salvador y tiene conexión para Los Planes de Renderos.
(8) Estadio Cuscatlán: Conocido como "El Coloso de Montserrat", es un estadio de fútbol en la ciudad de San Salvador, El Salvador.
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.
SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.
Ha escrito la obra: “MI TIA CONSUELO DE SAINT EXUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..
Santa Tecla, 3 de Octubre del 2009..
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