sábado, 24 de octubre de 2009

PELIGRO EN EL MAR.

Por MIREILLE ESCALANTE DIMAS
En el Oceano Pacifico, sobre el kilometro 45 de la carretera del Puerto de La Libertad; se evocaban las Ruinas del Tazumal, había que descender por unas gradas elaboradas de una roca porosa y negra, para llegar a dos hermosas piscinas de agua salada, formadas por piedras irregulares y gigantescas, las que se llenaban con la olas de la marea alta. Una piscina, larga y profunda, y la otra, redonda, pequeña y no tan profunda. El agua cristalina de ambas, permitían ver a los graciosos peces multicolores nadando de un lado hacia otro, y en el fondo, en la arena. enterrados unos erizos negros, que apenas asomaban sus agresivas espinas.Tal como su nombre lo indicaba, había efectivamente abundante sol, y mucho mar.

A mí, en lo personal, me encantaba frecuentar ese paseo en compañía de mi hijo, un bebé de apenas dos años, y de mi sobrino, de veinte. En el maletero del carro, llevaba una hielera con bebidas, y comida preparada, suficiente; mi costumbre era llegar temprano a recibir los rayos solares y regresar cuando el sol en el horizonte casi desaparecía. Jamás nos podíamos aburrir con semejante paseo. Desde arriba consistía el paisaje, en dominar el Océano, viendo cruzar lanchas de pescadores; y abajo, al mismo nivel de las piscinas, disfrutábamos de sus aguas, donde permanecíamos sentados en las gradas adentro de las piscinas, recibiendo el suave vaivén de las olas.

En el portón de la entrada, quedaba estacionado mi vehículo, frente a el, había una ramada típica que daba una refrescante sombra, recibiendo la brisa marina; y en el suelo, enclavado un tronco de árbol, que servía de mesa con unas bancas de madera rústica para sentarse.

Mi costumbre era domingo a domingo, visitar ese paraje… Un domingo de tantos, por cierto, el último, me había adentrado a nadar en las aguas profundas de la piscina honda y larga, tranquilamente me la atravesaba en estilo dorso, libre, rana, y a veces chapoteando; soñaba en que me convertiría en una sirena de mar. Cansada de tanto ejercicio, bronceada por el sol, ardiéndome la espalda y brazos, me sali a descansar, cuando un lugareño, un joven que cuidaba el lugar, me comento:

-Señora, con Ud. estaba nadando un tiburoncito!-

Me quedé aterrorizada con semejante comentario, y le repliqué:

-¿Quiere decir que era un tiburón pequeño?-

A lo que él asintió.

Nunca más en mi vida volví a nadar en esa piscina, ésa fue la última vez.
Sin embargo, por la tarde me dispuse disfrutar de la otra piscina redonda, pequeña, la cual era profunda solo en mareas altas, cuyas olas penetraban seguidas, trás una, venía otra, y otra incansablemente.

El día lo pasé agradable, en unión de mi familia. A mi hijo, le gustaba jugar con el agua, y pasábamos horas y horas en ella, sin enfermarnos porque –según consejo del médico- el clima era puro, sin contaminación, además era recomendable para el bebé, éste padecía de asma. Enfermedad de la que se curó para siempre, gracias al Dr. Jose Ernesto Ortiz, un eminente Neumólogo.

Tantas veces llegamos a disfrutar de tan bello lugar, que jamás se me hubiera ocurrido ni siquiera remotamente que era ni más ni menos, una trampa mortal.

Las personas que cuidaban el sitio, me comentaron que hacía un par de años, advirtieron a una señora que al mar se le respetaba en las mareas altas… pero ella, desafiando la marea alta, no le prestó atención a la advertencia, respondiendo que sería cuidadosa al respecto, decidiendo adentrarse a la piscina pequeña, sorprendiéndola entonces una fuerte e inmensa ola proveniente de las entrañas del mar que la sacudió con violencia, provocándole golpes bruscos en su cabeza al estrellarla a la orilla de la piscina, y perdiendo inmediatamente el conocimiento; cuando la lograron rescatar, estaba muerta.

Con el hecho de haber compartido las aguas con un tiburoncillo, y con esa historia, opte cambiar de paseo dominguero.

Mi hijo, tiene 28 años, y jamás volvimos a visitar SOL Y MAR.
Tiempo después, lo encontré convertido en un hotel precioso, y con nombre diferente.

Albergaba piscinas de agua dulce, para adulto e infantes; y conservaba naturalmente las dos antiguas piscinas prehistóricas, en el acantilado, piscinas a las que los visitantes si deseaban podían tener acceso. Por supuesto, que ahora, se gozaba hasta de música en vivo, restaurante de comida internacional, totalmente distinto a aquel lugar agreste que yo visité antaño.

Fue en esta vacación de agosto, que mi amiga Margara con su familia, compuesta por sus dos hijos, sus suegros y esposo, decidieron llegar visitar el lugar, buscaban diversión, y encontraron la desgracia.

Solamente los dos hijos, llamados por la naturaleza, descendieron por la gradería de roca, y se adentraron a nadar a la piscina de agua salada, la pequeña y redonda, cuando una ola, de esas olas enormes y violentas los tiraba sin rumbo, a la deriva, tratándolos como muñecos de trapo; el abuelo de los jóvenes,- suegro de Margara-, apreció el peligro, y fue en rescate de uno de ellos; el esposo de Margara,- padre de los chicos,- también se adentró a salvar al otro muchacho… si, ellos, los jóvenes salieron ilesos, y asustados; no así los señores.

El mar se cobró con la vida de ellos. La muerte fue inminente, estrellándoles sus cabezas con la orilla de la piscina formada de roca, golpeándolos incesantemente, hasta dejarlos inconscientes. La diversión se había convertido en tragedia.

Yo, desde un inicio comprendí que en tan bello lugar, a pesar de la atracción cautivadora encerraba un riesgo. Tal pareciera como si nuestros ancestros, los pipiles mareños, de esos acantilados hubieran hecho un santuario a sus dioses, ofreciéndoles sacrificios humanos. Se palpa la presencia maligna disfrazada de la belleza natural, donde almas en pena, acechan sobre las vidas humanas.
Desde esta última desgracia, ignoro si clausuraron o no, esas piscinas de agua salada. Pero definitivamente, es un lugar tetrico.
Todos los personajes son ficticios, al igual que las historias, si hubiere alguna semejanza en particular con alguna persona, hecho o lugar, es una mera coincidencia.

PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIALMENTE.

SOBRE LA AUTORA:
MIREILLE ESCALANTE DIMAS, Salvadoreña, desarrolla literatura del género literario “Romántico erótico”.
Ha escrito la obra: “MI TIA CONSUELO DE SAINT EXUPERY: LA SACERDOTISA DE LA DIASPORA SALVADOREÑA, que oportunamente se publicará..

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