Esta historia está dedicada a los jóvenes que nunca conocieron de cerca, y mucho menos se condujeron o subieron a una carreta.
La carreta, en la época de antaño, de nuestros bisabuelos, fue el
único medio de transporte; común, muy útil en la vida rural, por ejemplo: en
ella se transportaba la cosecha de café recolectada en los cafetales y puesta
en sacos de henequén, para entregarse a los recibideros; el maíz - en tuza y
mazorca- atrapada en redes de pita, se trasladaba de un lugar a otro, y después
de aporreada, el grano recogido y envasado era guardado en costales de henequen,
y llevados al mercado para comercializarlo, igual se hacía con el frijol, con
los guineos, aguacates, zapotes o cualquier otra cosecha de temporada.
Modernamente, se ha sustituido por vehículos automotores de carga, como decir,
pick-ups ó camiones.
La carreta es un vehículo empírico, diseñado para el transporte,
elaborado como un cajón de tablones de madera , dos ruedas grandes de madera con
un cincho de metal pegado en medio; es halada por una yunta de bueyes ( dos
bueyes amarrados por sus cuernos), dirigidos por una persona que va al
frente a pie, llamado boyero, guiando, dando órdenes y azuzando a los
bueyes con un palo delgado y largo que termina en punta, La carreta se
utilizaba en todos los rincones de nuestro territorio; era un transporte
popular, usado por patronos y campesinos. Los bueyes –al ser comprados se
valoraban en un precio elevado, por estar amaestrados para obedecer y
llevar la carga.
Alfredo Espino, se inspiró en LOS OJOS DE
LOS BUEYES publicado en JICARAS TRISTES, dice asi “””””””””¡Los he visto
tan tristes, que me cuesta pensar
cómo siendo tan tristes, nunca puedan llorar! ...
Y siempre son así: ya sea que la tarde
los bese con sus besos de suaves arreboles,
o que la noche clara los mire con sus soles,
o que la fronda alegre con su sombra los guarde.
Ya ascendiendo la cuesta que lleva al caserío.
entre glaucas hileras de cafetos en flor...
o mirando las aguas de algún murmurador
arroyuelo que corre bajo un bosque sombrío.
¿Qué tendrán esos ojos que siempre están soñando
y siempre están abiertos?...
¡Siempre húmedos y vagos y sombríos e inciertos,
cual si siempre estuviesen en silencio implorando!
Una vez, en la senda de una gruta florida
yo vi un buey solitario que miraba los suelos
con insistencia larga, como si en sus anhelos
fuera buscando, ansioso, la libertad perdida ...
Y otra vez bajo un árbol y junto a la carreta
cargada de manojos, y más tarde en la hondura
de una limpia quebrada, y en la inmensa llanura,
y a la luz de un ocaso de púrpura y violeta
¡Siempre tristes y vagos los ojos de esos reyes
que ahora son esclavos! Yo no puedo pensar
cómo, siendo tan tristes, nunca puedan llorar
los ojos de los bueyes...”””””””
cómo siendo tan tristes, nunca puedan llorar! ...
Y siempre son así: ya sea que la tarde
los bese con sus besos de suaves arreboles,
o que la noche clara los mire con sus soles,
o que la fronda alegre con su sombra los guarde.
Ya ascendiendo la cuesta que lleva al caserío.
entre glaucas hileras de cafetos en flor...
o mirando las aguas de algún murmurador
arroyuelo que corre bajo un bosque sombrío.
¿Qué tendrán esos ojos que siempre están soñando
y siempre están abiertos?...
¡Siempre húmedos y vagos y sombríos e inciertos,
cual si siempre estuviesen en silencio implorando!
Una vez, en la senda de una gruta florida
yo vi un buey solitario que miraba los suelos
con insistencia larga, como si en sus anhelos
fuera buscando, ansioso, la libertad perdida ...
Y otra vez bajo un árbol y junto a la carreta
cargada de manojos, y más tarde en la hondura
de una limpia quebrada, y en la inmensa llanura,
y a la luz de un ocaso de púrpura y violeta
¡Siempre tristes y vagos los ojos de esos reyes
que ahora son esclavos! Yo no puedo pensar
cómo, siendo tan tristes, nunca puedan llorar
los ojos de los bueyes...”””””””
Por mi parte, me alegro que haya desaparecido la carreta como medio de transporte, y sustituida por vehículos modernos. Si reflexionáramos sobre esos bueyes, esclavos, estaríamos conscientes de los castigos; ahora la Sociedad Protectora de Animales reconocida mundialmente, está en contra de los malos tratos de animales.
Según la tradición, en nuestra querida Armenia, durante los festejos
patronales, en el siglo XIX, desfilaban alrededor del Parque Tomas Regalado,
bellas jovencitas luciendo vestidos largos, y coloridos, montadas en las
carretas adornadas de flores, y gallardetes.
También se recuerda cuando iban en romería hasta veinte carretas en
caravana, en fila, adornadas de flores y pascuas, con señoritas, niñas y
niños vestidos de folkloricos “inditos”, el 12 de diciembre, para adorar a la
Virgen de Guadalupe, justo a la salida de San Salvador, donde se encuentra erigida
la blanca e implecable Basilica de la Virgen de Guadalupe.
En la actualidad, se continúan con las celebraciones
patronales de Armenia, glamorosos desfiles de nuestras hermosas bellezas,
con la diferencia que las carrozas, son vehículos automotores adornados
de coloridas flores y globos.
Y también continua la tradición de la romería para Nuestra Virgen de
Guadalupe, con “los inditos.” Y hora hasta con serenata de Mariachis para la
Virgencita, ruedas mecánicas para los niños, chalets improvisados para ventas
de pupusas, panes con pavo, yuca frita y salcochada, chuco atole, ponche con
piquete, y otras golosinas típicas.
Cierto día del mes febrero de 1990, cuando se levantaba la cosecha de
maíz, adentro de la Finca Buenos Aires, de Tres Ceibas, Armenia, Departamento
de Sonsonate, El Salvador, sobre la calle polvosa, la Noy, morena
de piel dorada- color dado por el abrasante sol- , de pelo negro peinado en dos
trenzas gruesa que le caían a la cintura, delgada pero con el cuerpo de
sirena, adolescente hiperactiva, olorosa a jazmin y a rosas, con
las hormonas a flor de piel, juguetona, vestía traje largo, de jersey, que con
el viento se le pegaba al cuerpo ciñéndole el busto al natural- sin sostén
alguno-, las piernas se le veían como dos pequeños, rectos troncos de pino, y
un gracioso ombligo, se subía arriba de la carreta que llevaba el joven Toño
–el boyero-: éste orgulloso exhibía luciendo a la Noy como todo un
trofeo. Era costumbre de ella, subirse a la carreta cada vez que veía pasar por
la calle polvosa a Toño. Aprovechaba Toño, como de costumbre,
descansar y poner en descanso a sus bueyes Claudio y Cómodo, bajo
una frondosa Ceiba, sembrada en un fresco paraje solitario, cuya
sombra era extensa y cubría ampliamente la carreta con la yunta de bueyes. La
Noy, de un brinco al suelo, se tiraba de la carreta, y corría a los
brazos de Toño, quien ni corto ni perezoso, la aceptaba con aprobación,
correspondiéndole cariñosamente. Luego, él, levantaba la falda de la Noy,
y así se subían arriba de la carreta, adonde se recostaban para amarse
intensamente.
La Noy después, regresaba cantando y silbando a su casa, y
Toño, tranquilamente continuaba su viaje de trabajo, sin parte sin
novedad.
LA CARRETA BRUJA O CARRETA CHILLONA
Continua la Leyenda, que se cree que desde la época de la Colonia,
surgió la Leyenda de la Carreta Bruja o Chillona; no existe documento
alguno fehaciente que declare su fecha ni origen. La Carreta Bruja o Chillona,
es conocida a nivel Centroamericano.
Se le ha visto en El Salvador, en diferentes lugares
Como costumbre el Cementerio de
Armenia permanecía cerrado por las noches. Dicen que por la media noche,
en luna llena, ésta alumbraba a plenitud, pues no existía luz eléctrica; en el silencio
nocturno, solo con el cantar de los grillos, se escuchaba el gemir de los
chirridos de unas ruedas de carreta; era una carreta especial caminando sin
bueyes y sin boyero, traspasaba los barrotes del Cementerio
cuando salía a la calle del pueblo. Era una carreta, igual a la descrita al
principio, con la diferencia, que en su cargamento adentro del cajón, llevaba
osamentas de cadáveres; y salía a las calles empedradas a recorrer el
pueblo, adonde se escuchaban sus llantas
de madera rodar lentamente, haciendo el típico crujido de unas ruedas rozando
los ejes secos de grasa.
Por ese motivo, y desde siempre, nadie transita por la media-noche
sobre la calle del Cementerio de Armenia, aún ahora que hay focos que alumbran
con electricidad, permanece desolada la calle del Camposanto.
Don Adolfo, el conocido telegrafista de Armenia, por hacer honor a su
valentía, fue testigo presencial de la Carreta Bruja o Chillona, y hoy, desde
el manicomio comenta y alega que vió el cargamento de osamentas, y escuchó el rodar
lento de las ruedas bulliciosas de la carreta, sin conductor,y sin bueyes.
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