viernes, 5 de abril de 2013

RETROSPECCION Y LA LEYENDA DEL CURA SIN CABEZA Por Dra. Mireille Escalante Dimas



 Para la memoria de  mis amigos  Br.Antonio Baires, conocido por el “Seco Baires”- 1966 ; y el Artista Pintor, ALFREDO CATALAN- 2011 



Para comprender la Leyenda del Cura sin Cabeza, fue necesario recuperar  mi fantasmal y fascinante pasado;  he disfrutado recordarlo al narrar el entorno que anidé.
He meditado sobre mi vida incansable, mi minuciosa infancia, la indómita adolescencia,  y la solitaria madurez. Cuando niña, recuerdo que todo me fue de maravilla, allá por 1950, a mis cinco años, descubrí emociones primitivas, viví en una casa grande de esquina situada sobre la Calle Argentina y Décima Avenida Sur, Prolongación de la Calle San Martin, en el Barrio La Vega, de San Salvador, con mucho orgullo recito esa dirección.. Era hija única del matrimonio del Dr. Alejando Escalante Dimas-Abogado-Notario, y Jurisconsulto reconocido,  y de doña Lolita Suncin de Escalante Dimas-originaria de la ahora ciudad de Armenia, Departamento de Sonsonate, El Salvador. Sin embargo mi madre al enviudar del matrimonio anterior, había nacido mi hermano  Edgar Valle Suncín; conviví muy poco con él; siendo una infante, -alla por 1948-  él se marchó a San Francisco California, y regresó en 1952 –año en que falleció mi abuelita doña Ercilia Sandoval de Suncín,  estaban las Fiestas Agostinas, y mi tía la Condesa  Consuelo Suncín de Saint Exupery,-hermana de mi madre-  se hizo presente para el fin de novenario…cuando se  regresó a Paris, Francia, iba consigo  mi hermano, -so pretexto que por no tener descendencia, él iba a ser como un  hijo que nunca tuvo-. lo volví a ver, diez años más tarde,  hasta el año de 1962… Lo recuerdo, como todo un caballero, muy culto, bien educado, servicial, hablaba varios idiomas, y sobre todo, guapo, guapísimo….falleció en 1968, a la edad de Cristo…Decían que falleció por vivir apresuradamente la vida. Aún hoy estoy dilucidando dicho comentario.
Pues bien, volviendo al barrio, donde crecí, las niñeras me  paseaban sin descanso  a pie, por toda la Décima Avenida Sur, conocí varios parques: el Venustiano Carranza, lugar donde el calor de 30 grados Centígrados disminuía, y los pericos en bandada pasaban cantando con alegría, sobrevolaban nuestras cabezas; el parque de la entonces Casa Presidencial ,- donde se encontraba el Museo Nacional, ahí cambiaban turno en fila, luego de saludar solemnemente, entraba el relevo de  8  Guardias Nacionales; graciosamente recuerdo al personaje más visitado, y atractivo del Museo,  una momia descansando en una caja de vidrio;  a mi corta edad, quedé impactada con esa imagen y vestimenta; enfrente del parque estaba el monumental Cuartel El Zapote, el cual tuvo serias intervenciones cada vez que había un “Golpe de Estado”,  se escuchaban muy fuertes  los “cañonazos”, a los que le contestaban estruendosa y amenazadoramente, el Cuartel San Carlos, cuando se alzaban en fallidos intentos de cambiar al entonces Presidente …  A mi corta edad, acostumbrada al rugir de los cañones de El Zapote, porque año con año, los días 15 de Septiembre, amanecían saludando a la población con 21 cañonazos, conmemorando la libertad y la Independencia Patria. Quizá debido a ésto, cuando llegué  a ser adulta, fui  fiel amante de las armas de fuego, aprendí a usarlas y armada, atendía mis fincas, fui dueña de un revolver Magnun 357, que sus tiros traspasaban 6 ó 7 laminas de techo; y un revolver 38, marca Smith & Wesson, cañon corto, pavon de concha nacar con incrustaciones de oro , más parecía una reliquia histórica, que un arma de fuego–las tuve que vender; sin embargo  le compré  a mi hijo Felix Escalante Dimas, una escuadra marca Llama, calibre 45, él si la conserva, no la usa, la tiene guardada, porque alega que, es prohibido disparar al aire.                                                                                  
Conocí la Colonia Minerva,  lindaba con el Río Acelhuate; y la Colonia Nicaragua;  a unos metros, en el  Barrio Modelo, estaba el Zoológico Nacional,  el cual frecuentaba, me fascinaba la indómita y salvaje Elefanta Manyula, que a pesar de mantenerse encadenada a sus patas, de por vida,. años mas tarde asesinó aplastando a su cuidador. Desde mi casa en altas horas de la madrugada escuchaba el rugir de los fieros leones, y a la vez, el toque de Diana,del Cuartel El Zapote,  llamando a formación a los soldados.
Mis estudios de primaria, los realice en la Escuela Americana de la Colonia San Benito: la secundaria, también en la misma escuela, pero llamada American High School, sobre la Carretera que conduce de San Salvador, a Santa Tecla, enfrente estaba ubicado el Ministerio de Relaciones Exteriores, ahora Casa Presidencia. Me dedique a estudiar, sin parte ni novedad. En  este año 2013, cumplo 50 años de haberme titulado Bachiller… tan es así, que unos compañeros, de manera increíble y maratónica, nos han convocado a celebrarlos.  
He hecho mentalmente este recorrido. Cuando fui  Universitaria, me desenvolví en la ruta de los parques. En 1964, me juramentaron en el Auditorium de  la Facultad de Leyes, antes Jurisprudencia y Ciencias Sociales, conocida también como la Facultad de Derecho Ese día especial- pero más especial para mi padre, el Dr. Alejandro Escalante Dimas- creo que fue el único padre de familia presente,  orgullosamente estuvo a la par mía durante todo el acto presidido por el Decano, el entonces Dr. Napoleón Rodríguez Ruiz, quien además de ser uno de los mejores Abogados litigantes.  fue el escritor de la novela JARAGUA, y de unos libros sobre la Institución e Historia del Derecho; Mi padre, me hizo que le prometiera solemnemente, que “jamas sería una desertora del Derecho”…. Con esa promesa, sin saberlo yo,  quemé las “Naves de Asia”, tendría que vencer y cumplir.  Esta anécdota, fue una figura que conocí en el DERECHO ROMANO, mi Maestro.de ese curso, el Dr. Jose Napoleon Rodriguez Ruiz, a quien a sus espaldas lo llamábamos “don Pepe”, comentaba que Alejandro El Magno, en las guerras sangrientas que libró cruzando (1) el Helesponto hacia Asia Menor (334 a. C.) y la conquista del Imperio Persa, regido por Darío III; fue además victorioso en las batallas de Gránico (334), Issos (333), Gaugamela (331) y de la Puerta Persa (330), su dominio se extendía por la Hélade, Egipto, Anatolia, Oriente Próximo y Asia Central hasta los ríos Indo y Oxus, habia avanzado hasta la India, donde derrotó al rey Poro en la batalla del Hidaspes (326), y  tenía como secreto triunfal, el dar  órdenes de mando a  sus fieros combatientes que al atravesar  los ríos, navegando en sus barcazas de guerra, y al pisar territorio enemigo, tenían que prenderle fuego, quemarlas sin lástima ni compasión, y debían  “VENCER O MORIR, no había marcha atrás”… Claro, sus luchadores siempre sobrevivieron. Ese mandato del Guerrero de Macedonia, estuvo conmigo hasta cuando me entregaron mi título de Doctora, en 1976.
Incorporada a los estudios universitarios, en el año de 1964  mi madre todos los días me inculcaba que “mi trabajo era el estudio”… y así, fue, jamás me permitió  desempeñar un cargo en ninguna institución judicial ó en cualquier otro lugar… Gracias a doña Lolita Suncin de Escalante Dimas, llegué a titularme.
Como se había decidido que mi trabajo era el estudio, salía de mi casa ,a tomar el bus de  la Ruta 11, conocida estudiante, por esos motoristas; enfilaba a clases de la Facultad de Derecho; en total eramos solo 5 señoritas, como mujeres estudiantes del Primer Año. En el primer año de la Facultad de Derecho, fui electa  por mi curso, Candidata a  Reina de la Facultad de Derecho. A pesar de ello, desafié “ la cultura machista”;  me enseñaron mis compañeros a sobrevivir, a pelear, a discutir, a no dejarme humillar, a defenderme de los maltratos, y yo, con ingenio les replicaba –para nada fueron atentos ni serviciales conmigo, me trataron como si hubiera sido otro hombre igual a ellos; no concebían a una mujer en la carrera de hombre; me dí a respetar, y a veces hasta me temían. Con el tiempo  agradecí, esas experiencias porque me prepararon para la vida,-comprendí, que no todo era color rosa-,  supe  defenderme, cuando en un momento, conoci  la soledad –aquella familia que tuve, sus miembros que me protegieron, fueron muriendo poco a poco.
Regresando a mis estudios universitarios, me levantaba casi con el toque de la Diana, y el rugir de los leones, debido a que a que estudiaba desde  las 7:oo a.m, hasta las 9:oo a.m. de la mañana; algunas veces con mis compañeras de estudio, nos íbamos al Cine Paris, donde el boletero señor Vieytez nos conocía,  permitia que entráramos de gratis a ver  peliculas;  regresaba luego a mi casa, a la hora del almuerzo; respetaba mi “siesta mileniaria”, costumbre heredada de la familia Suncin, de Armenia;  volvía a enfilar a la Universidad a las 3 p.m. hasta las 7 de la noche. Cenaba siempre en casa, para luego marchar a estudiar al parque de la antes Casa Presidencial del Barrio San Jacinto, hasta las 10 u 11 de la noche… Jamás fui cuestionada sobre mis estudios, mis padres confiaban plenamente, en mí, sabían que aprovechaba el tiempo… y así fue, Ciclo, tras Ciclo, lo fui aprobando.
Con ese horario, durante el primer año de Derecho, leía  INTRODUCCION AL ESTUDIO DEL DERECHO, de García Maynez, los días sabados, nada menos en el Parque Venustiano Carranza, operaba una oficina de telefonía del Estado, y adentro de las instalaciones del parque, existía un puente diminuto, con gradas arriba para trasladarse de un lado al otro, en forma de arco,  pintoresco, de cemento,  abajo corrían aguas artificiales; yo, buscaba un hermoso y frondoso árbol que diera sombra, y en su tronco me recostaba a leer… cuando me daba sueño, me paraba y leía en voz alta, caminando de un lado a otro.. Aburrida del mismo paisaje, por la tarde me trasladaba al parque frente al Museo Nacional a un costado de la antes Casa Presidencial, ahí me sentaba sobre la grama, recostaba mi espalda sobre unos arbustos… Cuando caía la noche, ésta se volvía amena, porque llegaban compañeros de mi Curso, de lunes a sábado, ellos solamente laboraban hasta la 1 p.m..; motivo por el cual durante la noche nos reuníamos, buscábamos la luz de las lámparas como insectos. siguiendo  lumbreras;  comentábamos lo que había leído, hacíamos preguntas para dilucidar dudas,  hacíamos bromas, y el ambiente se volvia ameno y jocoso… Llegaban hasta cuatro estudiantes, pero yo recuerdo solamente a dos: a  Socrates Salinas, que muchos creían que era un “alias”, y a Antonio Baires, que le apodaban “el Seco”, además de delgado, se veía muy alto, altísimo, y era muy ocurrente e ingenioso,  me agradaba su personalidad, era inquisidor, minucioso, usaba interpretaciones para confundir, leíamos, comentábamos y recitábamos Articulos de los Codigos Civil, Procedimientos Civiles, Penal, e Instrucción Criminal. Es gracioso pero de todos los Articulos,  solo  recuerdo el del Codigo Civil, el Articulo 1619, que trata de la venta de cosa ajena, vale.
Ellos eran mi escolta nocturna, pero antes de llegar a mi casa, me invitaba el Bachiller Baires, -así le decían a los que estudiábamos una carrera en la Facultad de Derecho- a tomar un Atole, el famoso Shuco del Barrio Candelaria, sobre final de la Calle Lara; la vendedora, una señora entrada en años, chaparrita, gorda, morena oscura, de una sola trenza negra y larga, con rasgos pipiles y cara de pocos amigos, vestía siempre un delantal con bolsas, de blanco impecable, era toda una “institucion”, ella era la única que atendia su negocio, y el “Seco Baires”, muy cortésmente, se dirigía a la señora y le decía: ”Madre, deme un Sucho bien caliente con todo, con frijoles, chile y pan francés”; la señora  lo preparaba y se lo servía,  entonces, esa mujer, que no hablaba, profería lo siguiente: ”Madre, la que te parió”, Y ahí,  la carcajada de todos,  nos reíamos de la graciosa  contestación.  
 Lamentablemente al Bachiller Baires, le fascinaba la política estudiantil, por esa razón se truncó su vida -llegó, solo a Cuarto año,- fue uno de los dirigentes de AEU (Siglas de la Asociación de Estudiantes Universitarios), quien con su oratoria, entusiasmaba, arengaba a otros estudiantes, a formar manifestaciones contra el gobierno de tiranía militar de turno y organizaba marchas anti-militares que desembocaban  en la entonces Embajada Americana, frente a la famosa “Fuente Luminosa” –diseñada por el escultor español  Benjamin Saul- con quien tuve un tórrido romance a mi edad de 20 años…Aún lo recuerdo con cariño, me dedicaba en el Diario de Hoy, donde él era colaborador. unos Poemas de Amor, pero por respeto a mis padres, la dedicación decía “A MIESDIA”, que realmente quería decir  “a MIREILLE ESCALANTE DIMAS”; él  fue uno de los pocos hombres de mi vida a quien confieso, realmente amé, pero por considerarme demasiada joven, y con mi carrera sin terminar, tuve que dejarlo marchar  para siempre.
 Un día de tantos, en 1967, cuando salía de trabajar de la Procuraduría General de Pobres, a la una de la tarde,  sobre el redondel de la Escuela de Ciegos, dirigiéndose  al Resturante El Carbon,  mi amigo “el Seco Baires” fue vilmente asesinado, lo acribillaron a tiros, recibiendo, no sé cuántos balazos, ahi falleció de inmediato.  Nunca se investigó su muerte, Pero, ésta  no detuvo el descontento y protesta estudiantil de los universitarios contra el régimen de la  entonces tiranía y  dictadura militar!       
Por supuesto, que a mi, ya me habían investigado, la Inteligencia del Gobierno de turno,  la SIC, -Sección de Investigaciones Criminales- de la Policía Nacional, no sé si existía el FBI,   y la INTERPOL,  pero por haber sido formada  Bachiller en  la Escuela Americana, me dejaron tranquila, por mis conocimientos culturales no representaba peligro alguno; seguramente yo tuve expediente abierto por mis compañeros de estudio, no obstante que desde el balcón de la Oficina del Presidente de la República, éste me veía con recelo… yo me hacía la que no me enteraba que me estaba observando.
 Los días Sabados y Domingos, cuando me quedaba a estudiar solita, iba a refugiarme a la Isla de los Monos, adentro del Zoologico; me sentaba en una piedra de laja que tenía incluso hasta espaldar; ya los monitos, se habían acostumbrado a verme esos días…                                  Cierto Domingo, un hombre de treinta años, para llamar mi atención, lucía orgullosamente  una radio grabadora portátil, grande y con bocina de volumen alto, muy de moda; como ese señor me viera concentrada, y embebida en mi lectura dispuso amenizar esa tarde, subiendo el tono del volumen de su aparato, con música de marimba… en un inició, me gustó escucharla, pero después de una hora, aborrecí ese teclado; me enfermé, me dio  dolor de cabeza, y tuve que regresarme a mi casa…Pasaron muchos meses para que yo volviera a la Isla de los Monos.
Me gradué como Doctora en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, después de haber aprobado Tres Examenes Privados,  cada examen con Tres Profesionales del Derecho que preguntaban y repreguntaban sobre diferentes Materias, y además hice un libro llamado Tesis. El 14 de Diciembre de 1976 me entregaron el título de Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales,-casi en medio de un atentado que sufrió el Rector conservador Carlos Alfaro Castillo de la Universidad Nacional, en la  Facultad de Economia-quien a los meses siguientes también lo asesinaron.  
Mi madre vió el diploma, se sintió la madre más feliz del mundo, celebró mi triunfo académico, con varias horas amenizadas por el Mariachi Guadalupano –el que acompañaba a Lucha Villa en las presentaciones en El Salvador-,  pero a los siguientes 15 días falleció en la Policlinica Salvadoreña. Ahí quede totalmente huérfana, mi padre, formó otro hogar donde yo no tuve cabida.
A inicio del año de 1977 fui autorizada  de Abogado y Notario,  asociándome con un Profesional del Derecho muy apreciado y conocido, cuando éste faltó, el Bufete instalado en el Edificio Central, 5º. Piso, Aparmento 508, en San Salvador, situado casi frente al parqueo del Cine Libertad,  y en la manzana siguiente,  la Iglesia de El Rosario. Dicha oficina  funcionó hasta el 10 de Octubre de 1986, fecha fatal del terremoto catastrófico.
Sin yo saberlo, pero en horas diurnas, y años  más tarde, recorrí los mismos lugares del “cura sin Cabeza”- Cuentan que  allá por el año de 1900, los viernes a  la media noche, del portón mayor de la iglesia de El Rosario salía un fraile sin cabeza, de la orden Española, los Dominicos; que se conducía, del atrio de la mencionada Iglesia  sobre la Sexta Avenida Norte, enfrente estaba el Edificio Central,-donde fungió mi bufete-, el cura bajaba por una cuesta empinada, cuya fama provenía –según las malas lenguas-  por las trabajadoras del sexo, se le conoce aún ahora, como “la cuesta del Palo Verde”…  
El recorrido del “cura sin cabeza”, continuaba  frente al  Cine Libertad, antes Cine Popular, donde Pedro Infante se presentó en persona en 1955-. Doblando en  la esquina del gimnasio Libertad,  (6ª. Calle Oriente y 6ª. Avenida Norte) Y bajando  media cuadra,  éste desaparecía y retomaba su recorrido, hasta regresar pero  al atrio de la iglesia de La Merced; hay testigos –que ya fallecieron- pero que lo vieron atravesar el atrio y entrar en la iglesia de La Merced con la puerta cerrada Otras veces, decían que lo veían subiendo al campanario .En la Iglesia de La Merced, repicaron el Cinco de Noviembre de 1811,  escuchándose el famoso Grito de la Independencia Patria; el párroco de La Merced,  fue mi amigo, el Padre Larreynaga, y jamás  se refirió a la Leyenda del  “cura sin cabeza”. Este fraile, tambien paseaba por el puente de La Vega; donde se encontraba la Administración de Rentas, con un botella gigantesca en el techo, para distinguir  la destilería La Ilopania. Luego, subia  la cuesta y a mediación  entraba al atrio a la iglesia de  La Vega ó de Los Remedios, con las puertas cerradas; un fantasma puede traspasar paredes, portones de metal, etc 
Siendo soltera y profesional,  me deleitaba  caminar,  desde mi casa a la Oficina,-no obstante que para ese entonces, manejaba vehiculo, sin embargo frecuentaba  la Iglesia de la Vega ó la Iglesia de Los Remedios, a veces, entraba a rezar más de una oración, decían  los que veneraban el Altar mayor, solicitar milagros Divinos de sanación, yo no padecía de ninguna enfermedad.  Como una ironía del destino, casi frente a esa Iglesia de La Vega ó de Los Remedios, hará como un año,-2011- acuchillaron a muerte a un artista pintor, amigo mío, lo que significa que hoy por hoy es un barrio de alta peligrosidad. Su nombre, Alfredo Catalán, maestro de la tinta china, aprendió a dibujar en el Japon, dió clases en el CENAR- Escuela de Artes, catedrático en la Universidad Matías Delgado, expositor de obras, donde yo obtuve  una colección de arte.
Al pie de la cuesta, había  un puente grande, pasaba el Río Acelhuate, más adelante se llegaba al Cuartel de la Policia Nacional, y en la esquina a mano derecha, Según (2)  la Leyenda, el” Cura Sin Cabeza” es el alma en pena de un sacerdote decapitado  por el Lencho; el marido de la Chayo, una mujer “de la vida alegre”; enamorada  del joven sacerdote, quien respetuoso de su voto de castidad, no le hacía caso, ni siquiera se molestaba en volverla a ver; pero la picara Chayo, quería tentar sexualmente al Padre, y  se subía la larga falda más allá de la rodilla; el Sacerdote  rezaba ante tanta insolencia para no caer en pecado mortal. Pero uno de esos días, al pretendiente de la Chayo, se le metió el mismísimo  diablo, y borracho, atiborrado de celos, vió la malicia, y coquetería de la Chayo  para con el pobrecito Cura; y aprovechando que el fraile se encontraba en el atrio de la Iglesia de El Rosario, bien afilado el machete, el  Lencho, de un filazo le voló la cabeza. Así fue como sucedieron los hechos,  y perdió la vida el Cura; ésta muerte fue en vano, porque el Padre  jamás pecó ni con el pensamiento. 
(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacerdote_sin_cabeza

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