Para
la memoria de mis amigos Br.Antonio Baires, conocido por el “Seco
Baires”- 1966 ; y el Artista Pintor, ALFREDO CATALAN- 2011
Para comprender la
Leyenda del Cura sin Cabeza, fue necesario recuperar mi fantasmal y fascinante pasado; he disfrutado recordarlo al narrar el entorno
que anidé.
He meditado sobre mi
vida incansable, mi minuciosa infancia, la indómita adolescencia, y la solitaria madurez. Cuando niña, recuerdo
que todo me fue de maravilla, allá por 1950, a mis cinco años, descubrí
emociones primitivas, viví en una casa grande de esquina situada sobre la Calle
Argentina y Décima Avenida Sur, Prolongación de la Calle San Martin, en el
Barrio La Vega, de San Salvador, con mucho orgullo recito esa dirección.. Era
hija única del matrimonio del Dr. Alejando Escalante Dimas-Abogado-Notario, y
Jurisconsulto reconocido, y de doña
Lolita Suncin de Escalante Dimas-originaria de la ahora ciudad de Armenia,
Departamento de Sonsonate, El Salvador. Sin embargo mi madre al enviudar del
matrimonio anterior, había nacido mi hermano
Edgar Valle Suncín; conviví muy poco con él; siendo una infante, -alla
por 1948- él se marchó a San Francisco
California, y regresó en 1952 –año en que falleció mi abuelita doña Ercilia
Sandoval de Suncín, estaban las Fiestas Agostinas,
y mi tía la Condesa Consuelo Suncín de
Saint Exupery,-hermana de mi madre- se
hizo presente para el fin de novenario…cuando se regresó a Paris, Francia, iba consigo mi hermano, -so pretexto que por no tener descendencia,
él iba a ser como un hijo que nunca
tuvo-. lo volví a ver, diez años más tarde, hasta el año de 1962… Lo recuerdo, como todo
un caballero, muy culto, bien educado, servicial, hablaba varios idiomas, y
sobre todo, guapo, guapísimo….falleció en 1968, a la edad de Cristo…Decían que
falleció por vivir apresuradamente la vida. Aún hoy estoy dilucidando dicho
comentario.
Pues bien, volviendo al barrio, donde crecí, las
niñeras me paseaban sin descanso a pie, por toda la Décima Avenida Sur, conocí varios
parques: el Venustiano Carranza, lugar donde el calor de 30 grados Centígrados
disminuía, y los pericos en bandada pasaban cantando con alegría, sobrevolaban
nuestras cabezas; el parque de la entonces Casa Presidencial ,- donde se
encontraba el Museo Nacional, ahí cambiaban turno en fila, luego de saludar solemnemente,
entraba el relevo de 8 Guardias Nacionales; graciosamente recuerdo al
personaje más visitado, y atractivo del Museo, una momia descansando en una caja de vidrio; a mi corta edad, quedé impactada con esa imagen
y vestimenta; enfrente del parque estaba el monumental Cuartel El Zapote, el
cual tuvo serias intervenciones cada vez que había un “Golpe de Estado”, se escuchaban muy fuertes los “cañonazos”, a los que le contestaban estruendosa
y amenazadoramente, el Cuartel San Carlos, cuando se alzaban en fallidos
intentos de cambiar al entonces Presidente … A mi corta edad, acostumbrada al rugir de los
cañones de El Zapote, porque año con año, los días 15 de Septiembre, amanecían
saludando a la población con 21 cañonazos, conmemorando la libertad y la
Independencia Patria. Quizá debido a ésto, cuando llegué a ser adulta, fui fiel amante de las armas de fuego, aprendí a
usarlas y armada, atendía mis fincas, fui dueña de un revolver Magnun 357, que
sus tiros traspasaban 6 ó 7 laminas de techo; y un revolver 38, marca Smith
& Wesson, cañon corto, pavon de concha nacar con incrustaciones de oro ,
más parecía una reliquia histórica, que un arma de fuego–las tuve que vender;
sin embargo le compré a mi hijo Felix Escalante Dimas, una escuadra
marca Llama, calibre 45, él si la conserva, no la usa, la tiene guardada,
porque alega que, es prohibido disparar al aire.
Conocí la Colonia Minerva, lindaba con el Río Acelhuate; y la Colonia
Nicaragua; a unos metros, en el Barrio Modelo, estaba el Zoológico Nacional, el cual frecuentaba, me fascinaba la indómita
y salvaje Elefanta Manyula, que a pesar de mantenerse encadenada a sus patas, de
por vida,. años mas tarde asesinó aplastando a su cuidador. Desde mi casa en
altas horas de la madrugada escuchaba el rugir de los fieros leones, y a la
vez, el toque de Diana,del Cuartel El Zapote, llamando a formación a los soldados.
Mis estudios de primaria, los realice en la Escuela
Americana de la Colonia San Benito: la secundaria, también en la misma escuela,
pero llamada American High School, sobre la Carretera que conduce de San
Salvador, a Santa Tecla, enfrente estaba ubicado el Ministerio de Relaciones
Exteriores, ahora Casa Presidencia. Me dedique a estudiar, sin parte ni
novedad. En este año 2013, cumplo 50
años de haberme titulado Bachiller… tan es así, que unos compañeros, de manera
increíble y maratónica, nos han convocado a celebrarlos.
He hecho mentalmente
este recorrido. Cuando fui Universitaria, me desenvolví en la ruta de los
parques. En 1964, me juramentaron en el Auditorium de la Facultad de Leyes, antes Jurisprudencia y
Ciencias Sociales, conocida también como la Facultad de Derecho Ese día
especial- pero más especial para mi padre, el Dr. Alejandro Escalante Dimas-
creo que fue el único padre de familia presente, orgullosamente estuvo a la par mía durante
todo el acto presidido por el Decano, el entonces Dr. Napoleón Rodríguez Ruiz, quien
además de ser uno de los mejores Abogados litigantes. fue el escritor de la novela JARAGUA, y de
unos libros sobre la Institución e Historia del Derecho; Mi padre, me hizo que
le prometiera solemnemente, que “jamas sería una desertora del Derecho”…. Con
esa promesa, sin saberlo yo, quemé las
“Naves de Asia”, tendría que vencer y cumplir. Esta anécdota, fue una figura que conocí en el
DERECHO ROMANO, mi Maestro.de ese curso, el Dr. Jose Napoleon Rodriguez Ruiz, a
quien a sus espaldas lo llamábamos “don Pepe”, comentaba que Alejandro El
Magno, en las guerras sangrientas que libró cruzando (1) el Helesponto hacia Asia Menor (334 a.
C.) y la conquista del Imperio Persa, regido por Darío
III; fue además victorioso en las batallas de Gránico (334), Issos (333), Gaugamela (331) y de la Puerta Persa (330), su dominio se extendía por la Hélade, Egipto,
Anatolia, Oriente Próximo y Asia Central hasta los ríos Indo y Oxus, habia avanzado hasta la India, donde derrotó al rey Poro en la batalla del Hidaspes (326), y tenía
como secreto triunfal, el dar órdenes de
mando a sus fieros combatientes que al atravesar
los ríos, navegando en sus barcazas de
guerra, y al pisar territorio enemigo, tenían que prenderle fuego, quemarlas
sin lástima ni compasión, y debían “VENCER O MORIR, no había marcha atrás”… Claro,
sus luchadores siempre sobrevivieron. Ese mandato del Guerrero de Macedonia, estuvo
conmigo hasta cuando me entregaron mi título de Doctora, en 1976.
Incorporada a los
estudios universitarios, en el año de 1964 mi madre todos los días me inculcaba que “mi
trabajo era el estudio”… y así, fue, jamás me permitió desempeñar un cargo en ninguna institución
judicial ó en cualquier otro lugar… Gracias a doña Lolita Suncin de Escalante
Dimas, llegué a titularme.
Como se había decidido
que mi trabajo era el estudio, salía de mi casa ,a tomar el bus de la Ruta 11, conocida estudiante, por esos
motoristas; enfilaba a clases de la Facultad de Derecho; en total eramos solo 5
señoritas, como mujeres estudiantes del Primer Año. En el primer año de la
Facultad de Derecho, fui electa por mi
curso, Candidata a Reina de la Facultad
de Derecho. A pesar de ello, desafié “ la cultura machista”; me enseñaron mis compañeros a sobrevivir, a
pelear, a discutir, a no dejarme humillar, a defenderme de los maltratos, y yo,
con ingenio les replicaba –para nada fueron atentos ni serviciales conmigo, me
trataron como si hubiera sido otro hombre igual a ellos; no concebían a una
mujer en la carrera de hombre; me dí a respetar, y a veces hasta me temían. Con
el tiempo agradecí, esas experiencias
porque me prepararon para la vida,-comprendí, que no todo era color rosa-, supe
defenderme, cuando en un momento, conoci la soledad –aquella familia que tuve, sus
miembros que me protegieron, fueron muriendo poco a poco.
Regresando a mis
estudios universitarios, me levantaba casi con el toque de la Diana, y el rugir
de los leones, debido a que a que estudiaba desde las 7:oo a.m, hasta las 9:oo a.m. de la mañana;
algunas veces con mis compañeras de estudio, nos íbamos al Cine Paris, donde el
boletero señor Vieytez nos conocía, permitia que entráramos de gratis a ver peliculas;
regresaba luego a mi casa, a la hora del almuerzo; respetaba mi “siesta
mileniaria”, costumbre heredada de la familia Suncin, de Armenia; volvía a enfilar a la Universidad a las 3 p.m.
hasta las 7 de la noche. Cenaba siempre en casa, para luego marchar a estudiar
al parque de la antes Casa Presidencial del Barrio San Jacinto, hasta las 10 u
11 de la noche… Jamás fui cuestionada sobre mis estudios, mis padres confiaban
plenamente, en mí, sabían que aprovechaba el tiempo… y así fue, Ciclo, tras
Ciclo, lo fui aprobando.
Con ese horario, durante
el primer año de Derecho, leía INTRODUCCION AL ESTUDIO DEL DERECHO, de García
Maynez, los días sabados, nada menos en el Parque Venustiano Carranza, operaba
una oficina de telefonía del Estado, y adentro de las instalaciones del parque,
existía un puente diminuto, con gradas arriba para trasladarse de un lado al
otro, en forma de arco, pintoresco, de
cemento, abajo corrían aguas
artificiales; yo, buscaba un hermoso y frondoso árbol que diera sombra, y en su
tronco me recostaba a leer… cuando me daba sueño, me paraba y leía en voz alta,
caminando de un lado a otro.. Aburrida del mismo paisaje, por la tarde me
trasladaba al parque frente al Museo Nacional a un costado de la antes Casa
Presidencial, ahí me sentaba sobre la grama, recostaba mi espalda sobre unos
arbustos… Cuando caía la noche, ésta se volvía amena, porque llegaban
compañeros de mi Curso, de lunes a sábado, ellos solamente laboraban hasta la 1
p.m..; motivo por el cual durante la noche nos reuníamos, buscábamos la luz de
las lámparas como insectos. siguiendo lumbreras; comentábamos lo que había leído, hacíamos
preguntas para dilucidar dudas, hacíamos
bromas, y el ambiente se volvia ameno y jocoso… Llegaban hasta cuatro
estudiantes, pero yo recuerdo solamente a dos: a Socrates Salinas, que muchos creían que era un
“alias”, y a Antonio Baires, que le apodaban “el Seco”, además de delgado, se
veía muy alto, altísimo, y era muy ocurrente e ingenioso, me agradaba su personalidad, era inquisidor,
minucioso, usaba interpretaciones para confundir, leíamos, comentábamos y
recitábamos Articulos de los Codigos Civil, Procedimientos Civiles, Penal, e
Instrucción Criminal. Es gracioso pero de todos los Articulos, solo
recuerdo el del Codigo Civil, el Articulo 1619, que trata de la venta de
cosa ajena, vale.
Ellos eran mi escolta
nocturna, pero antes de llegar a mi casa, me invitaba el Bachiller Baires, -así
le decían a los que estudiábamos una carrera en la Facultad de Derecho- a tomar
un Atole, el famoso Shuco del Barrio Candelaria, sobre final de la Calle Lara;
la vendedora, una señora entrada en años, chaparrita, gorda, morena oscura, de
una sola trenza negra y larga, con rasgos pipiles y cara de pocos amigos,
vestía siempre un delantal con bolsas, de blanco impecable, era toda una
“institucion”, ella era la única que atendia su negocio, y el “Seco Baires”,
muy cortésmente, se dirigía a la señora y le decía: ”Madre, deme un Sucho bien
caliente con todo, con frijoles, chile y pan francés”; la señora lo preparaba y se lo servía, entonces, esa mujer, que no hablaba, profería
lo siguiente: ”Madre, la que te parió”, Y ahí,
la carcajada de todos, nos
reíamos de la graciosa contestación.
Lamentablemente al Bachiller Baires, le
fascinaba la política estudiantil, por esa razón se truncó su vida -llegó, solo
a Cuarto año,- fue uno de los dirigentes de AEU (Siglas de la Asociación de Estudiantes
Universitarios), quien con su oratoria, entusiasmaba, arengaba a otros
estudiantes, a formar manifestaciones contra el gobierno de tiranía militar de
turno y organizaba marchas anti-militares que desembocaban en la entonces Embajada Americana, frente a
la famosa “Fuente Luminosa” –diseñada por el escultor español Benjamin Saul- con quien tuve un tórrido
romance a mi edad de 20 años…Aún lo recuerdo con cariño, me dedicaba en el
Diario de Hoy, donde él era colaborador. unos Poemas de Amor, pero por respeto
a mis padres, la dedicación decía “A MIESDIA”, que realmente quería decir “a MIREILLE ESCALANTE DIMAS”; él fue uno de los pocos hombres de mi vida a
quien confieso, realmente amé, pero por considerarme demasiada joven, y con mi
carrera sin terminar, tuve que dejarlo marchar
para siempre.
Un día de tantos, en 1967, cuando salía de trabajar
de la Procuraduría General de Pobres, a la una de la tarde, sobre el redondel de la Escuela de Ciegos, dirigiéndose
al Resturante El Carbon, mi amigo “el Seco Baires” fue vilmente asesinado,
lo acribillaron a tiros, recibiendo, no sé cuántos balazos, ahi falleció de
inmediato. Nunca se investigó su muerte,
Pero, ésta no detuvo el descontento y
protesta estudiantil de los universitarios contra el régimen de la entonces tiranía y dictadura militar!
Por supuesto, que a mi,
ya me habían investigado, la Inteligencia del Gobierno de turno, la SIC, -Sección de Investigaciones Criminales-
de la Policía Nacional, no sé si existía el FBI, y la INTERPOL, pero por haber sido formada Bachiller en
la Escuela Americana, me dejaron tranquila, por mis conocimientos
culturales no representaba peligro alguno; seguramente yo tuve expediente
abierto por mis compañeros de estudio, no obstante que desde el balcón de la
Oficina del Presidente de la República, éste me veía con recelo… yo me hacía la
que no me enteraba que me estaba observando.
Los días
Sabados y Domingos, cuando me quedaba a estudiar solita, iba a refugiarme a la Isla
de los Monos, adentro del Zoologico; me sentaba en una piedra de laja que tenía
incluso hasta espaldar; ya los monitos, se habían acostumbrado a verme esos
días… Cierto
Domingo, un hombre de treinta años, para llamar mi atención, lucía orgullosamente
una radio grabadora portátil, grande y
con bocina de volumen alto, muy de moda; como ese señor me viera concentrada, y
embebida en mi lectura dispuso amenizar esa tarde, subiendo el tono del volumen
de su aparato, con música de marimba… en un inició, me gustó escucharla, pero
después de una hora, aborrecí ese teclado; me enfermé, me dio dolor de cabeza, y tuve que regresarme a mi
casa…Pasaron muchos meses para que yo volviera a la Isla de los Monos.
Me
gradué como Doctora en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, después de haber aprobado
Tres Examenes Privados, cada examen con
Tres Profesionales del Derecho que preguntaban y repreguntaban sobre diferentes
Materias, y además hice un libro llamado Tesis. El 14 de Diciembre de 1976 me
entregaron el título de Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales,-casi en
medio de un atentado que sufrió el Rector conservador Carlos Alfaro Castillo de la
Universidad Nacional, en la Facultad de Economia-quien
a los meses siguientes también lo asesinaron.
Mi
madre vió el diploma, se sintió la madre más feliz del mundo, celebró mi
triunfo académico, con varias horas amenizadas por el Mariachi Guadalupano –el
que acompañaba a Lucha Villa en las presentaciones en El Salvador-, pero a los siguientes 15 días falleció en la
Policlinica Salvadoreña. Ahí quede totalmente huérfana, mi padre, formó otro
hogar donde yo no tuve cabida.
A
inicio del año de 1977 fui autorizada de
Abogado y Notario, asociándome con un
Profesional del Derecho muy apreciado y conocido, cuando éste faltó, el Bufete instalado
en el Edificio Central, 5º. Piso, Aparmento 508, en San Salvador, situado casi
frente al parqueo del Cine Libertad, y
en la manzana siguiente, la Iglesia de
El Rosario. Dicha oficina funcionó hasta
el 10 de Octubre de 1986, fecha fatal del terremoto catastrófico.
Sin
yo saberlo, pero en horas diurnas, y años más tarde, recorrí los mismos lugares del “cura
sin Cabeza”- Cuentan que allá por el año
de 1900, los viernes a la media noche, del portón mayor de la
iglesia de El Rosario salía un fraile sin cabeza, de la orden Española, los
Dominicos; que se conducía, del atrio de la mencionada Iglesia sobre la Sexta Avenida Norte, enfrente
estaba el Edificio Central,-donde fungió mi bufete-, el cura bajaba por una
cuesta empinada, cuya fama provenía –según las malas lenguas- por las trabajadoras del sexo, se le conoce
aún ahora, como “la cuesta del Palo Verde”…
El recorrido del “cura sin cabeza”, continuaba frente al
Cine Libertad, antes Cine Popular, donde Pedro Infante se presentó en
persona en 1955-. Doblando en la esquina del gimnasio Libertad, (6ª. Calle Oriente y 6ª. Avenida Norte) Y
bajando media cuadra, éste desaparecía y retomaba su recorrido, hasta
regresar pero al atrio de la iglesia de
La Merced; hay testigos –que ya fallecieron- pero que lo vieron atravesar el
atrio y entrar en la iglesia de La Merced con la puerta cerrada Otras veces,
decían que lo veían subiendo al campanario .En la Iglesia de La Merced, repicaron
el Cinco de Noviembre de 1811,
escuchándose el famoso Grito de la Independencia Patria; el párroco de
La Merced, fue mi amigo, el Padre
Larreynaga, y jamás se refirió a la
Leyenda del “cura sin cabeza”. Este
fraile, tambien paseaba por el
puente de La Vega; donde se encontraba la Administración de Rentas, con
un botella gigantesca en el techo, para distinguir la destilería La Ilopania. Luego, subia la cuesta y a mediación entraba al atrio a la iglesia de La Vega ó de Los Remedios, con las puertas
cerradas; un fantasma puede traspasar paredes, portones de metal, etc
Siendo
soltera y profesional, me deleitaba caminar,
desde mi casa a la Oficina,-no obstante que para ese entonces, manejaba
vehiculo, sin embargo frecuentaba la
Iglesia de la Vega ó la Iglesia de Los Remedios, a veces, entraba a rezar más
de una oración, decían los que veneraban
el Altar mayor, solicitar milagros Divinos de sanación, yo no padecía de
ninguna enfermedad. Como una ironía del
destino, casi frente a esa Iglesia de La Vega ó de Los Remedios, hará como un
año,-2011- acuchillaron a muerte a un artista pintor, amigo mío, lo que
significa que hoy por hoy es un barrio de alta peligrosidad. Su nombre, Alfredo
Catalán, maestro de la tinta china, aprendió a dibujar en el Japon, dió clases
en el CENAR- Escuela de Artes, catedrático en la Universidad Matías Delgado,
expositor de obras, donde yo obtuve una
colección de arte.
Al
pie de la cuesta, había un puente
grande, pasaba el Río Acelhuate, más adelante se llegaba al Cuartel de la
Policia Nacional, y en la esquina a mano derecha, Según (2) la Leyenda, el”
Cura Sin Cabeza” es el alma en pena de un sacerdote decapitado por el Lencho; el marido de la Chayo, una
mujer “de la vida alegre”; enamorada del
joven sacerdote, quien respetuoso de su voto de castidad, no le hacía caso, ni
siquiera se molestaba en volverla a ver; pero la picara Chayo, quería tentar
sexualmente al Padre, y se subía la
larga falda más allá de la rodilla; el Sacerdote rezaba ante tanta insolencia para no caer en
pecado mortal. Pero uno de esos días, al pretendiente de la Chayo, se le metió
el mismísimo diablo, y borracho, atiborrado
de celos, vió la malicia, y coquetería de la Chayo para con el pobrecito Cura; y aprovechando
que el fraile se encontraba en el atrio de la Iglesia de El Rosario, bien
afilado el machete, el Lencho, de un
filazo le voló la cabeza. Así fue como sucedieron los hechos, y perdió la vida el Cura; ésta muerte fue en
vano, porque el Padre jamás pecó ni con
el pensamiento.
(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacerdote_sin_cabeza
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